A 20 AÑOS DE LA CAÍDA DE LA DICTADURA /ENTREVISTA A MILDA RIVAROLA | Lunes, 02 de Febrero de 2009 -Diario Ultima Hora- Asunción Paraguay
"En 1980 Stroessner ya no tenía capacidad de distribuir prebendas"
La historiadora y analista política habló sobre el proceso vivido durante la dictadura de Alfredo Stroessner, sus peculiaridades en torno a la región, su decadencia, así como la resistencia de sectores sociales que fueron masacrados.

Por Roberto Irrazábal | rirrazabal@uhora.com.py

La era stronista, sin lugar a dudas, fue uno de los periodos que marcó a sangre y fuego la historia política paraguaya. A 20 años de la caída de Alfredo Stroessner, la politóloga Milda Rivarola analiza el fenómeno político y social.

-¿Qué caracterizó a la dictadura stronista?

-La dictadura de Stroessner tiene, respecto a las otras dictaduras del Cono Sur, una primera característica que es su precocidad. Fijate que las dictaduras chilenas y argentinas se dan en la década del 70 y la paraguaya es la primera dictadura militar en la región.

-¿Y qué más?

-El segundo elemento es que no es una dictadura estrictamente militar, es una con bastantes características neofascistas: milicias coloradas, movilización de un partido de Estado, ese tipo de cosas, lo que también explica su duración. La tercera característica es que dura muchísimo, terminó siendo la dictadura más larga de la historia en un momento dado.

-¿Qué factores incidieron?

-Aparece y cae bajo contextos internacionales. Surge en el medio de la guerra fría y cae en el medio del proceso de democratización de la región, un poco más tardíamente que Argentina y Brasil, pero fijate que es el mismo año en que cae el muro de Berlín, en que toda la región y todo el mundo se volvió democrático.

-¿Cuál fue su peculiaridad?

-Lo más definitorio de la era stronista es la mezcla de poder militar con el poder civil, fue una dictadura de partido con apoyo del Ejército. Las otras dictaduras eran llamadas burocracias autoritarias, o sea que eran de claque militar, mientras que aquí se daba esa famosa combinación triangular de Gobierno, Fuerzas Armadas y Partido Colorado.

-¿El cambio de política exterior de EEUU influyó en la caída del stronismo?

-Ese cambio es anterior, se da 10 años antes de la caída con el presidente Carter a fines de los 70 e inicios de los 80, y los siguientes gobiernos, como el de Reagan, continuaron esa política, o sea dejaron de apoyar al gobierno de Stroessner.

- ¿Y cómo continuó?

-Ahí buscan apoyos como el de la dictadura brasileña, en la época de la Operación Cóndor, y donde se alían los países llamados parias mundiales, como Taiwán, Sudáfrica, quienes buscaban socios también parias.

-¿Y cómo se dio la caída?

-Fijate que en el mismo manifiesto del general Rodríguez él dice que el objetivo es mantener al Partido Colorado, no nos engaña ni se engaña él. Ese triángulo FFAA-Gobierno-Partido, basado en su época de auge en distribución de prebendas, de concesiones, en el crecimiento de Itaipú, ya no funcionaba en el momento del golpe, eso ya había fracasado.

-¿Y eso cómo se dio?

-El comienzo de la recesión económica paraguaya es del 83 y dura hasta el 2003, 20 años. Stroessner ya no tenía la capacidad de distribuir beneficios y prebendas, ni de aglutinar el Partido Colorado como pudo hacerlo en la década de los 60 y 70. En un momento cae porque ya no servía para mantener el sistema que él mismo había instaurado y son sus otros socios los que se dan cuenta de eso y lo sustituyen por un poder netamente civil.

-¿Y por qué se dio esa ruptura en las FFAA?

-Ahí hubo intereses más sectoriales, las movidas y los cambios muy violentos que se hicieron dentro de las FFAA, creo que un mes antes del golpe, para posicionarle a Gustavo Stroessner en la cabeza de mando en el futuro, y eso molestó mucho a lo que es la jerarquía y estructura del Ejército. Después incluso que se hayan tocado intereses económicos individuales, Stroessner sacó un decreto para asfixiar económicamente al general Rodríguez, eso a través de su casa de cambio, y ahí hay una serie de cosas que tienen que ver con intereses sectoriales y corporativos de militares que hicieron estallar. Y también porque parte de esos militares tenían relaciones con la fracción disidente del Partido Colorado, con el grupo argañista.

-¿Cuál fue el proceso de los movimientos de resistencia?

-Hay una primera etapa del 54 al 67 en donde lo que hace Stroessner es destruir o cortar lo que restaba de oposición y autonomía política anterior, allí se crea la CGT y se destruye el resto de los grupos sindicales, se destruyen los partidos políticos que van en gran parte al exilio después de la guerrilla del año 59 y 60. También se destruye el movimiento estudiantil que era muy intenso en la década del 40, y en la huelga contra el aumento del boleto, el gobierno los destruye.

- ¿Qué pasó luego?

-En el 67, a través de un pacto, hace que los partidos opositores entren en la Constituyente y luego al Parlamento, aparece una contestación nueva que ya es de izquierda, movimientos muy golpeados, básicamente las Ligas Agrarias, origen del Movimiento Campesino, que surgen a finales de los 60 y son muy castigados del 74 en adelante y los destruyen generando centenares de muertos. También surgió lo que fue una oposición universitaria nueva, que era el movimiento independiente que parte de eso fue cortado por la OPM, que también se destruye duramente a través de represión y prisión. Del 82 en adelante aparece el movimiento sindical y se da una respuesta eclesial.

-La noche del golpe, ¿qué hay detrás de lo oficial?

-Un radioaficionado grabó la comunicación de los Carlos, y en un momento se escucha al general Rodríguez que dice, "hay que limpiar esto, la ciudadanía no tiene que ver", y limpiar significaba sacar los cadáveres. Se habla de unas 300 personas, nunca hubo una lista de bajas. Ellos creían que Stroessner estaba en el Batallón Escolta, y estaba al lado, en el Ministerio de Defensa, entonces murió mucha gente por falsa información.

LAS FRASES

El stronismo tuvo bastantes características neofascistas: milicias coloradas, movilización de un partido de Estado.

(La dictadura) surge en el medio de la guerra fría y cae en el medio del proceso de democratización en la región.

Alfredo Stroessner sacó un decreto para asfixiar económicamente al general Rodríguez, eso a través de su casa de cambios.

El mismo manifiesto del general Rodríguez dice que el objetivo es mantener al Partido Colorado, no nos engaña ni se engaña él.

El general Rodríguez dice: "Hay que limpiar esto, la ciudadanía no tiene que ver", y limpiar significaba sacar los cadáveres.


ESTHER BALLESTRINO, paraguaya, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo... De amplia fama en Argentina por su heroica lucha entablada contra una de las más crueles dictaduras que conozca la historia, la instaurada por el “Proceso de reorganización Nacional” en Argentina con el golpe del 24 de marzo de 1976, curiosamente Esther Ballestrino de Careaga constituye una figura poco conocida en su país, el Paraguay, especialmente fuera del ámbito del febrerismo. Esther fue una maestra, bioquímica y activista social paraguaya,
y una de las fundadoras de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo, dedicada a buscar a los "desaparecidos" durante la guerra sucia en Argentina, motivo por el cual fue secuestrada, torturada y asesinada. Nacida el 20 de enero de 1918, esta apasionada militante de las libertades civiles desde joven militó en la Concentración Revolucionaria Febrerista, movimiento anti-imperialista que acrisoló las reivindicaciones y ansias de superación surgidas en las trincheras de la guerra del Chaco en un programa socialista de liberación nacional. Maestra Normal y Doctora en Bioquímica y Farmacia tuvo intenso protagonismo en la lucha contra la dictadura militar de Higinio Morínigo, entre 1940 y 1947. En aquellos años aciagos, entre inimaginables dificultades, organizó el movimiento femenino del Paraguay y fue su primera secretaria General. Muchos febreristas retirados a cuarteles de invierno, todavía recuerdan la pasión y el coraje con que Esther colaboró en defensa de las libertades democráticas durante la guerra civil desatada por la barbarie fascista del 13 de Enero de 1947, y que derivó en el alzamiento militar institucionalista de Concepción, en marzo del mismo año. Los sobrevivientes cuentan emocionados que jamás negó refugio, en su modesta pero digna vivienda, a los compañeros de movimiento perseguidos, y con inusual valentía hasta su cocina cedió para escondite de pertrechos de las fuerzas democráticas. Perseguida por su apoyo a los revolucionarios institucionalistas de Concepción, en 1947 se refugió en Argentina, donde se casó con el también exiliado febrerista Raymundo Careaga y tuvo tres hijas. Raymundo había sido presidente de la federación de universitarios paraguayos durante la turbulenta primavera democrática, y compartía la pasión socialista con su esposa e hijas con igual fervor. Después del golpe de Estado encabezado por Videla el 24 de marzo de 1976, Esther solicitó y obtuvo la condición de refugiada del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), pero su casa fue allanada varias veces.. El 13 de junio de 1977 secuestraron a Ana María, su hija menor que estaba embarazada de tres meses. Ante el secuestro, Esther empezó a trabajar con los familiares de desaparecidos que, ante la falta de respuesta a sus reclamos, comienzan a reunirse en organismos, iglesias y en la Plaza de Mayo. Cuando Ana Maria, (actualmente directora del Instituto Espacio Memoria de la Gobernación de la Ciudad de Buenos Aires) fue liberada, fue nuevamente a la Plaza y las otras Madres le dijeron: Ahora se terminó tu búsqueda, encontraste a tu hija, pero ella les contestó: “No. Voy a seguir hasta que aparezcan todos”. Esther fue detenida y desaparecida con otras dos compañeras el 8 de diciembre de 1977, y desde entonces se convirtió en un símbolo de la lucha por los Derechos Humanos en Argentina. Las tres mujeres y otras cinco personas, entre ellas las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, fueron secuestradas tras ser señaladas por el represor de la marina Alfredo Astiz, el 'ángel rubio de la muerte', quien se había infiltrado en el grupo que se reunía en la Iglesia de Santa Cruz de Buenos Aires, alegando que supuestamente tenía un hermano desaparecido. Fue llevada directamente al centro clandestino de detención ubicado en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), bajo el control de la Marina Argentina, donde fue recluida en el sector denominado "Capucha". Allí permaneció aproximadamente 10 días, lapso durante el cual fue constantemente torturada, hasta que finalmente fueron "trasladadas" al aeropuerto militar, subidos sedados a un avión de la Marina y arrojadas al mar frente a la costa de Santa Teresita. La diplomacia de los Estados Unidos, al tanto de todo lo que sucedía de acuerdo a documentos, como en tantas ocasiones encubrió con indiferencia los hechos en gesto de velada aprobación (Document Number 1978BUENOS02346 / Fm Amembassy Buenos Aires To Secstate WashDc5127). El motivo de esta memoria es sencillamente descubrirla ante sus compatriotas a treinta años de su desaparición, en ocasión de la visita que sus descendientes realizan al país en estos días, sobre todo al cabo de tantos años de silencio en un ambiente como el paraguayo, donde en su momento hasta represores de la talla de Jorge Rafael Videla fueron acreedores de panegíricos desde editoriales de la prensa escrita. Casualmente, la misma prensa escrita que hoy se llena la boca hablando de cambio y publicitando falsos izquierdistas. Comentario enviado por Olga Zarza:

Queridas amigas/os: muy buena y conmovedora la semblanza de Esther Ballestrino de Careaga, como ustedes dicen su figura es poco conocida aquì y aun peor olvidada por el movimiento de mujeres que reinvindica sin embargo otras figuras históricas. A mi el tema me toca de cerca porque mi hija mayor està de novia con un sobrino de ella por el lado de los Careaga. Falta agregar en la semblanza que su cuerpo fue encontrado hace algunos años, como sutil ironía del destino, en costas del sur de Argentina junto con otros cuerpos de desaparecidos que habían sido arrojados de los aviones de los represores. Feliz Año 2009 para todos y todas. Olga Zarza Asunciòn-Paraguay

30 de diciembre de 2008 10:43

Por primera vez hallan cuerpos de 'vuelos de la muerte' Identifican restos de la fundadora de las Madres. Están en un cementerio como NN. Los restos de la fundadora de la entidad humanitaria Madres de Plaza de Mayo y otras dos dirigentes desaparecidas durante la dictadura argentina, fueron identificados por primera vez como víctimas de los llamados 'vuelos de la muerte'.

Los cadáveres de Azucena Villaflor, fundadora de Madres, de Esther Ballestrino de Careaga y de María Ponce de Bianco fueron hallados en un cementerio de General Lavalle donde estaban sepultadas como NN.

Estudios posteriores a cargo de expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense –el mismo que verificó los restos del guerrillero Ernesto Che Guevara en Bolivia-, determinaron que habían sido arrojadas al mar desde aviones tras ser secuestradas en 1977.

"Es la primera vez que se recuperan cuerpos del mar, se los identifica y se los vincula claramente a la detención, posterior desaparición y reclusión en un centro clandestino de detención", en este caso la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), indicó Ana María Careaga, de nacionalidad paraguaya e hija de una de las víctimas. Desde filas militares, un represor de la Esma, Adolfo Scilingo, fue el primero en confesar los 'vuelos de la muerte', pero luego se arrepintió de su relato en un juicio en España, donde igualmente fue condenado a 640 años de prisión por violaciones a los derechos humanos.

Los 'vuelos de la muerte' eran un mecanismo de eliminación de opositores por el cual centenares de ellos fueron arrojados vivos y narcotizados al mar desde aviones de las Fuerzas Armadas.

Las tres mujeres y otras cinco personas, entre ellas las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, fueron secuestradas tras ser señaladas por el represor de la marina Alfredo Astiz, el 'ángel rubio de la muerte', quien se había infiltrado en el grupo que se reunía en la Iglesia de Santa Cruz de Buenos Aires, alegando que supuestamente tenía un hermano desaparecido. En aquel entonces, en pleno auge de la represión, las Madres comenzaban sus rondas en la histórica Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, para reclamar por sus hijos desaparecidos, una práctica que desde entonces repiten cada jueves. Alrededor del 20 de diciembre de 1977, días después del secuestro del grupo, comenzaron a aparecer cuerpos en la costa atlántica de las localidades balnearias de Santa Teresita y Mar del Tuyú, que luego fueron "presurosamente enterrados como NN" en el vecino cementerio de General Lavalle.

El antropólogo forense Carlos Somigliana explicó que los cuerpos se identificaron con la prueba de ADN y que se comprobó que habían sido arrojados al mar por el tipo "de lesiones, sobre todo en los huesos largos, que son características de caídas desde gran altura".

"No hay mucha controversia sobre esto porque los médicos policiales que hicieron los informes en 1977, cuando aparecieron los cuerpos, mencionan como causa de la muerte el choque contra objetos duros desde gran altura", dijo el experto. Somigliana agregó que en abril pasado hicieron la comprobación pero recién en las últimas horas fueron autorizados por la justicia a difundirla. El hijo de una de las desaparecidas, Luis Bianco, expresó su deseo de que los cuerpos de las tres mujeres sean sepultados juntos porque "así pelearon y así se fueron".,

Astiz, símbolo del terrorismo de Estado de la dictadura, está detenido por cargos de secuestros y
torturas contra 16 personas que fueron alojadas en la Esma, el mayor campo de concentración del régimen militar. (AFP/DyN) 
El último mes de 2009 la comunidad argentina recibió la noticia de la liberación de Astis y del Tigre Acosta
ordenada por los jueces Guillermo Yacobucci y Luis García, quienes se basaron en el vencimiento de los plazos previstos para que un acusado esté detenido preventivamente sin que exista una condena en su contra, estos jueces ya fueron acusados el año pasado de demorar las causas contra los represores de la dictadura. 

La reacción de la población no se hizo esperar, como así también de los organismos de DDHH, que se manifestaron en contra de esta aberrante decisión, que provocó que la Sala de Casación penal suspenda la sentencia que permitía la excarcelación de Alfredo Astiz y Jorge "Tigre" Acosta, procesados por violaciones a los Derechos Humanos durante la última dictadura militar.

Asimismo el Secretario de Derechos Humanos -Eduardo Luis Duhalde- anunció que el organismo que tiene a su cargo presentaría un "recurso extraordinario ante la Corte para que se aboque en forma directa para evitar un escándalo jurídico".

La significación jurídica del Plan Cóndor

Rodolfo Yanzón

Abogado defensor de los Derechos Humanos, Argentina.

En unos meses mas la justicia argentina estará en condiciones de iniciar juicio oral y público por uno de los episodios más esclarecedores de lo que sucedió en nuestro continente durante la vigencia de las dictaduras. El denominado Plan Cóndor fue el acuerdo de los dictadores chilenos, bolivianos, uruguayos, brasileños, paraguayos y argentinos, por el cual dispusieron perseguir y eliminar a opositores políticos de cualquiera de esos países en el lugar donde se encontraren. El acuerdo tuvo la aceptación y el apoyo del gobierno norteamericano.

En sus Memorias, Henry Kissinger dijo meses antes de la caída del presidente chileno Salvador Allende, en septiembre de 1973, que "La nueva doctrina establece el derecho de los EEUU a intervenir en cualquier país del mundo, amigo o enemigo, para cambiar su gobierno". También confirmó que la Embajada norteamericana en Santiago de Chile había pagado una suma de dinero para que el Parlamento no eligiera a Allende como presidente. Un millón cuatrocientos cuarenta y un mil dólares.

El agregado militar del FBI en la Embajada norteamericana en Buenos Aires, el 26 de septiembre de 1976 informó a su director general la concertación del Plan Cóndor por parte de los seis países involucrados. El objetivo, tal como se desprende de una comunicación autenticada por el Departamento de Justicia de los EEUU obrante en la causa penal, una vez localizados los exiliados en cualquiera de los países, se enviaría un grupo de inteligencia encargado de evaluar sus conexiones, sostenes e importancia de su funcionamiento. Un segundo grupo sería enviado con capacidad operativa necesaria para aplicar "sanción hasta el asesinato".

El Plan Cóndor fue diseñado por las dictaduras fundamentalmente para eludir la protección internacional que las convenciones otorgaban a los perseguidos, esencialmente la Convención Internacional sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que establece que los Estados parte deben proteger a quienes sufrieren persecuciones por razones políticas, entre otras, de sus países de origen. El Alto Comisionado para el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) es el organismo internacional destinado a evaluar la existencia de motivos que permiten albergar a los perseguidos.

Entre 1973 y 1976 principalmente, la Argentina fue país de recepción de perseguidos que huían de las dictaduras que ya se habían instalado en países vecinos, especialmente de Paraguay, Chile y Uruguay. Por ese motivo nuestro país fue el principal escenario en el cual se llevaron a cabo acciones criminales. El asesinato del General chileno Carlos Prats y de su mujer Sofía Cuhbert, el del presidente y general boliviano Juan José Torres, como el de los dirigentes políticos uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, integran la lista de las víctimas. Los que fueron secuestrados con vida pasaron por el centro de tortura y exterminio denominado "Automotores Orletti" en el barrio porteño de Flores, alquilado por agentes de la SIDE que funcionó bajo las órdenes de Otto Paladino y Aníbal Gordon. En dicho centro operaron militares chilenos y uruguayos.

Por estos hechos se había requerido la extradición de militares como Pinochet, Contreras y Espinoza, de Chile; Hugo Banzer de Bolivia, Alfredo Stroessner de Paraguay y del general uruguayo Vadora y de varios de sus colaboradores. La muerte impedirá insistir con el reclamo de Pinochet y de Stroessner (este último, con una pequeña ayuda del Brasil).

Al requerir la elevación a juicio, el fiscal Miguel Ángel Osorio imputó la comisión del delito de asociación ilícita por la concertación de un plan criminal, destinado a perpetrar asesinatos, torturas y desapariciones forzadas, con independencia de que esos actos se hubieren finalmente cometido. La mayoría, en verdad, se llevó a cabo y también forma parte de la acusación (ciento diez casos).

También hubo apropiaciones de niños, como el caso de Carla Artés Company, secuestrada en Bolivia junto a sus padres Graciela Rutila Artés (argentina) y su padre Enrique Lucas Company (uruguayo, militante tupamaro), por el que la Embajada de Bolivia había enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación Argentina una nota de la que surge que la familia había sido secuestrada en el marco del Plan Cóndor. La niña y su madre fueron entregadas a Gendarmería Nacional argentina y puestas en custodia de la Triple A -Alianza Anticomunista Argentina-. Los padres están desaparecidos y Carla fue apropiada por Eduardo Ruffo, agente civil de la SIDE que operó en el centro clandestino Orletti. Finamente fue recuperada por su abuela materna.

Mas allá de que aún no hemos podido juzgar a militares extranjeros (ni a los dirigentes norteamericanos que los sostuvieron), el proceso iniciado sobre el Plan Cóndor adquiere una relevancia sin precedentes, considerando que es la primera vez que jueces de un país deciden investigar una organización criminal internacional, conformada por funcionarios militares de distintos países, que acordaron perpetrar crímenes de lesa humanidad. El proceso fue iniciado en septiembre de l999, cuando la impunidad era norma en la Argentina, a partir de una presentación formulada por querellantes de cada uno de los países involucrados, con el patrocinio de los abogados Alberto Pedroncini y David Baigún. Los acusados son los argentinos Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy, Antonio Domingo Bussi, Luciano Benjamín Menéndez, Antonio Vañek, Carlos Tragant, Juan Pablo Saa, Santiago Omar Riveros, Jorge Olivera Rovere, Cristino Nicolaides, Bernardo Menéndez, Carlos Landoni, Eugenio Guañabens Perelló, Ramón Díaz Bessone, Eduardo Delío y Ernesto Alais.

Si bien el principal escenario de operaciones estuvo en territorio argentino, el Plan Cóndor tuvo su sede funcional en Santiago de Chile, donde se coordinaron las acciones, se intercambió información y se complementaron proyectos criminales. Con ese fin se establecieron mecanismos de comunicación entre los centros clandestinos de los distintos países.

El hecho disparador del descubrimiento del Plan Cóndor fue el asesinato de Orlando Letelier, canciller de Salvador Allende, y de su secretaria, en la ciudad de Washington. El abogado paraguayo Martín Almada, testigo en la causa, halló en una de las dependencias del Estado paraguayo, cinco toneladas de documentos que contenían información acerca de los cincuenta años de represión política en Paraguay: la conexión Nazi y la intervención de Interpol al servicio de Cóndor y los documentos del Operativo Cóndor.

Esa documentación constató que los agregados militares de los países involucrados trabajaron exclusivamente para el Operativo Cóndor. También dijo que estando en manos de los militares paraguayos había sido interrogado por militares chilenos y argentinos que pretendieron conocer el paradero de militantes políticos de esos países. El intercambio de secuestrados y de información fue frecuente, lo que quedó asentado en distintas notas de agradecimiento que circularon entre las fuerzas militares.

Hace poco el juez Daniel Rafecas envió a juicio oral la causa por los crímenes cometidos en el centro clandestino "Automotores Orletti", en la que están imputados el comodoro de la Fuerza Aérea Néstor Guillamondegui, el coronel del Ejército Rubén Visuara, el general de división Eduardo Cabanillas, y los miembros de la SIDE Horacio Martínez Ruiz, Raúl Guglielminetti y Eduardo Ruffo. Falta decidir que ambos procesos se acumulen y que haya un solo juicio, dado que existe prueba común y fundamentalmente para proteger a los testigos, que no deben ser expuestos más allá de lo estrictamente necesario y cuyos testimonios tendrán resonancia en todo el continente.

EL HISTORIADOR LEON POMER

Dicen que Argentina ocultó datos sobre guerra con la Triple Alianza

La historia oficial de Argentina brindó una “versión retorcida y recortada” de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, que fue absolutamente “impopular” y desencadenó una guerra civil en el vecino país, asegura el historiador León Pomer. El estudioso señala en un libro que los argentinos inicialmente se opusieron a participar en el conflicto armado.

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Ultimo retrato del Macal. Francisco Solano López.

Pomer, nacido en 1928 y exiliado en San Pablo, Brasil, durante la dictadura argentina, es el autor de “La Guerra del Paraguay-Estado, política y negocios”, que en su tercera edición ha sido reeditada por Colihue y presentada esta semana en Buenos Aires. “La historia argentina ocultó que durante cinco años el pueblo luchó contra la participación en la guerra y se dispersaron dos ejércitos reunidos en el litoral para marchar al Paraguay”, afirmó Pomer. La victoria militar lograda en la Guerra del Paraguay -junto con Brasil- fue “ utilizada para proclamar la unidad nacional, que no existía hasta entonces y que era indispensable para el nacimiento del Estado argentino”, explicó Pomer. El historiador recordó que el general Bartolomé Mitre, jefe de los Ejércitos de la Triple alianza y posteriormente presidente argentino, “ordenó destruir 250 metros cúbicos de archivos” sobre las relaciones exteriores del país durante el gobierno precedente del caudillo Juan Manuel de Rosas y la guerra contra Paraguay. Pomer ironizó durante la presentación que en “realidad es incorrecto hablar de la Triple Alianza porque fueron cuatro los países en guerra contra Paraguay. Hay que contar también a Gran Bretaña”, que financió a los ejércitos de Argentina, Uruguay y Paraguay. “Mitre acusó de traidor a su compatritoa Juan Bautista Alberdi por su posición a favor de Paraguay”, recordó el historiador. Por ese motivo, “se demoró durante décadas de la colocación de una estatua de Alberdi en la ciudad de Buenos Aires”, explicó el autor, pese a que fue un eminente jurista, inspirador de la Constitución Argentina de 1853 y precursor del Estado de derecho en el país. Entre los documentos históricos, Pomer citó la carta de un estanciero a un general argentino “en la que pedía que por favor le devolvieran las cadenas con las que había mandado engrillados a sus arrieros al frente de batalla”. “Esos eran los voluntarios de los que hablaban Mitre y los generales argentinos”, resaltó Pomer. El ensayista subrayó que “no hay historiador ingenuo o que pueda tomar distancia objetiva de los hechos”, al defender “la pasión” con que emprendió la revisión de la guerra del Paraguay. Pomer es especialista en historia argentina y latinoamericana, fue profesor de las Universidades de Buenos aires, de Campiñas y de Estado de San Pablo, donde residió hasta mediados de 2005. Entre la veintena de libros publicados, figuran “Historias de América hispano-indígena” y “Cinco años de guerra civil”, que fueron editados en 1983 y 1986 en Brasil.
Diario ABC. Asunción 7 diciembre
RAFAEL BARRET. AUGUSTO ROA BASTOS. JOSEFINA PLA. LA PORTADA DE LA BABOSA Y SU AUTOR, GABRIEL CASACCIA. ELVIO ROMERO

Naranjo en flor

(Domingo, 23 de Noviembre de 2008, RADAR LIBROS, Página12)

Por Nicolas G. Recoaro, desde Asuncion

El tereré ayuda a que el insufrible calor de la tarde asunceña sea más llevadero. En la plaza Uruguay, centro neurálgico del mercado literario paraguayo, varios libreros pasan de mano en mano la infusión milagrosa. “Mucho calor, chera’a (compañero). No le voy a mentir, deben pasar los 34 grados y apenas se aguanta. Pero ya no nos mienten como en la época de Stroessner, cuando se prohibía decir que hacía más de 30. Usted sabe cómo era el dictador. Quería dominarnos hasta en lo psicológico. Fíjese en los libros, cualquier duda me consulta, chera’a”, explica el vendedor mientras recarga su termo con hielo y otras yerbas.

En la mesa de la librería se agolpan obras de Elvio Romero, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Rafael Barret, Rubén Bareiro Saguier, Reneé Ferrer, Joaquín Morales, Jorge Canese y Domingo Aguilera. Obras y autores prácticamente desconocidos por fuera de las fronteras de esta “isla rodeada de tierra”, como alguna vez la bautizó Augusto Roa Bastos, el escritor supremo del país guaraní.

Es que en el mapa de la literatura latinoamericana las letras paraguayas ocupan un lugar incierto, un sitio imaginario cercano al vacío. Una incógnita cargada de estigmas y estereotipos (“el pozo cultural”, “la isla periférica” y hasta “el país misterioso, lleno de naranjas y dictadores y bellos habitantes que hablan guaraní”) que sugieren aislamiento y marginalidad dentro del campo cultural latinoamericano. Sin embargo, y pese a los mañosos esfuerzos de la senil esfera ligada a la elite tradicional, la literatura paraguaya muestra que late al calor de los nuevos tiempos que vive el país. Un Paraguay no tan misterioso y gobernado por un cura tercermundista, con más soja transgénica que naranjas, más mafiosos ligados al Partido Colorado que dictadores, y con una población variopinta que espera la reforma agraria y que hace del trauma de la diglosia terreno fértil para el jopará (lengua híbrida que nace de la mezcla del guaraní con el castellano). Al final, el pozo no estaba tan vacío.

UN LIBRO ES UN LUJO

“Hay varios factores que influyeron para que no se conociera la literatura paraguaya más allá de nuestra fronteras. Y no sólo lo podría reducir a nuestra mediterraneidad o la corpulencia cultural de nuestros vecinos. Pero es importante resaltar que la literatura paraguaya ha tenido un nacimiento problemático y tardío. Sea por nuestro comienzo independiente, el aislacionismo de los gobiernos de Francia y de los López, la “Guerra del Setenta” y el volver a nacer después de la derrota. Y por supuesto, el cerrojo cultural que impuso la dictadura de Alfredo Stroessner y su larga noche de treinta años. Fueron factores que entorpecieron y que no ayudaron a saltar fronteras”, explica Blas Brítez, periodista del suplemento Correo Semanal, del diario Ultima Hora. Pero a pesar de las condiciones adversas: censura, exilios forzados, penurias económicas y la indiferencia a la que estuvieron condenadas, las letras paraguayas siguen dando pelea. “Y aunque nadie le tome el pulso, nuestra literatura goza de una increíble vitalidad. Está latiendo cada vez más fuerte”, cierra Brítez, mientras caminamos frente a la histórica estación de ferrocarril de Asunción. Esa misma que fue fundada en los fogosos años del mariscal Solano López, antes de que la “Guerra de la Triple, perdón, Cuádruple Alianza” (¿cómo olvidarnos de Inglaterra y sus libras que financiaron la campaña?) dejara al Paraguay hecho cenizas.

“El pueblo paraguayo tiene una relación de agua y aceite con el libro, y ésa es una herencia directa de la opresión de la dictadura”, reflexiona el escritor Miguelángel Meza. “Por varias décadas, el que tenía un libro en la mano, o era comunista o era evangelista. Acá había un solo camino posible: ser católico y colorado. El libro era enemigo de ese camino y el que leía era peligroso.” En la década del ’70, Meza, junto a los poetas Amanda Pedrozo, Lisandro Cardozo y Moncho Azuaga, formó parte del taller “Manuel Ortiz Guerrero”, un proyecto de jóvenes escritores que unieron sus plumas contra la opresión del régimen. “Eran épocas peligrosas, con la policía vigilando las lecturas de poesía y controlando lo que se escribía. El nefasto slogan de la dictadura: los libros muerden, dejó un legado muy pesado en este país.”

A casi 20 años de la caída de Stroessner, los flacos bolsillos del pueblo y el grueso índice de analfabetismo son la herencia más cercana de una democracia colorada que siguió censurando, oprimiendo y alejando a buena parte de los paraguayos de los libros. “Comprar un libro es un lujo, comprar el diario es un lujo, hasta comer es un lujo para la mayoría de los paraguayos”, explica el escritor José Pérez Reyes.

A ese guiso amargo de penurias, el exuberante bilingüismo del país le agrega un condimento especial a la relación con la cultura letrada. Es que la tradición oral del guaraní –junto a la de otros veinte dialectos que habitan el país– es el vehículo de comunicación nacional y popular. Esa lengua prohibida, asesinada y silenciada desde el nacimiento del Paraguay, se ha transformado en la lengua de la sociedad entera. El lenguaje de los oprimidos que germina hasta en las voces de sus opresores. “Acá se intentó argentinizar y se prohibió hablar guaraní después de la caída de Solano López. Un proyecto disparatado que fracasó. Y pese a que en los últimos años hubo toda una institucionalización y academización, el guaraní sigue siendo la lengua baja, de la calle y del campo. Una lengua que rompe todos los purismos académicos y que cuando llega al libro pierde mucha vida. Para mí el Paraguay real está en la mezcla, y mientras no seamos capaces de enunciarnos como pueblo guaraní, es muy difícil hacer todo el resto”, explica el poeta y editor Cristino Bogado, mientras un mar de vendedoras nos ofrecen sandalias franciscanas –“las que usa el presidente Lugo”, dice orgullosa una de las mujeres–, en uno de los tantos callejones del barroco Mercado 4. Es que con la llegada del ex obispo Fernando Lugo a la presidencia, luego de más de 61 eternos años colorados en el poder, las reivindicaciones populares –y no sólo en lo que hace al vestir– parecen comenzar a tomar otro color, aunque a veces todavía destiñan en tonalidad rojo rancio.

RENACER Y LOS ARRIBEÑOS

En general, se considera que la literatura paraguaya se inicia a principios de siglo XX con las obras de un grupo de intelectuales que irrumpen en los años de la reconstrucción nacional. “Estos escritores, nacidos casi todos durante, poco antes o poco después de la Guerra del Setenta, en su mayoría prolíficos ensayistas y poetas, integran la llamada ‘generación del 900’, y a través de su quehacer literario se proponen la reconstrucción espiritual del país, reafirmando los valores nacionales y reivindicando ciertos aspectos del pasado histórico paraguayo”, explica la crítica literaria Teresa Méndez Faith. Poseídos por el ethos nacionalista y la influencia krausista, la “generación del 900” trazó las bases para la larga y penosa reconstrucción nacional, basándose en la edificación de un costumbrismo cargado de mitos guaraníes mansos y tradiciones patricias sin conflicto. Hasta bien entrado el siglo XX, el ensayo histórico y la narrativa se empaparon de ese tardío romanticismo que resaltaba el pasado heroico y los valores espirituales del pueblo. El discurso de la raza guaraní y del mestizaje armónico se transformó en el hilo conductor de la reflexión sobre la identidad nacional, adquiriendo un carácter claramente político e ideológico.

Paralelamente, la influencia de poetas y escritores “arribeños”, principalmente venidos del Viejo Continente, marcaron un antes y un después en las letras del país. “El aporte de los escritores arribeños ha sido todo un síntoma de nuestra literatura. Creo que desde un principio los paraguayos hemos tenido dificultades para decirnos cosas a nosotros mismos. Nos dijeron otros, nos llamaron otros. Los libros que se escribieron sobre el Paraguay vinieron de suizos, franceses y españoles”, explica Pérez Reyes, mientras compartimos una generosa porción de sopa paraguaya en el centro de Asunción. El caso paradigmático de arribeño es el del dandy libertario Rafael Barret. Llegado al Paraguay a finales de 1904 para cubrir las sangrientas revoluciones liberales que azotaban el país, Barret inició su labor de analista de realidades en periódicos locales, desde donde denunciaba las injusticias sociales, la desesperación y el sufrimiento campesino y plebeyo. “Barret nos enseñó a escribir a los escritores paraguayos, nos introdujo vertiginosamente en la luz rasante y al mismo tiempo nebulosa, casi fantasmagórica de la realidad que delira, de sus mitos y contramitos históricos, sociales y culturales”, explicó alguna vez Roa Bastos. Su pirotécnica prosa cargada de ironía e ideales anarquistas le valió la enemistad con los intelectuales comprometidos con el poder de turno. Con El dolor paraguayo (1909), Lo que son los yerbales (1910) y una prolongada saga de crónicas y cuentos, la piedra angular de la literatura paraguaya del futuro comenzaba a cobrar forma. Varias décadas después, el aporte arribeño se renueva con la prolífica labor cultural de Josefina Plá, una española de aires renacentistas –fue periodista, escritora, docente, ceramista– que llevó adelante una intensa y lúcida tarea cultural en tierras paraguayas. Con una descomunal obra conformada por más de cuarenta títulos en poesía, narrativa, teatro, ensayo y crítica literaria, Plá llegó a construir un verdadero espacio renovador y crítico dentro del vacío represivo y costumbrista impuesto por la dictadura de Stroessner.

“Creo que el aporte de los arribeños fue fundamental, pero también hay que reconocer que el paraguayo siempre estuvo muy acostumbrado a mirarse en espejos ajenos. Quizás hoy estamos dándonos cuenta de que también podemos construir nuestro propio espejo. Un espejo que muchas veces parece sucio, roto o manchado. Un espejo que de algún modo muestra una imagen medio borrosa y difusa, pero una imagen que construimos nosotros mismos”, comenta Pérez Reyes mientras me sugiere que apure el cocido que acompaña la merienda. El viento que sopla desde la bahía Asunción ya borró de un plumazo los innombrables treinta y pico grados de calor.

LEJOS DE CASA

Luego de la Guerra del Chaco (1932-1935), la sangrienta Revolución del año ’47 y la irrupción de la dictadura stronista, emigrar y partir al exilio fueron montando el doloroso modus vivendi que debieron asumir muchos escritores paraguayos. “Hacen bien en abandonar este jardín desolado, en dejar que se coman el Paraguay los yuyos, las víboras, los políticos. Hacen muy bien en irse a donde la tierra sea más dura y los hombres menos crueles, a donde no haya que luchar sino contra los caprichos del cielo y la aspereza de los campos, a donde tengan la esperanza de que brote y se levante al sol lo que siembren... ¡Hacen bien...! Cuantos más emigren, mejor. El derecho supremo es vivir, y cuando no se puede vivir en un sitio, el deber supremo es irse a vivir a otra parte”, recomendaba con aire profético Barret en 1910. Cuatro décadas después, los arrestos arbitrarios, la persecución ideológica y la represión política llevaron al exilio a casi un millón de paraguayos, entre ellos, a muchos trabajadores de las letras. Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Hérib Campos Cervera, Rubén Bareiro Saguier y Rodrigo Díaz Pérez fueron algunos de los escritores exiliados que enriquecieron las letras paraguayas sin la aterradora picana dictatorial como banda de sonido.

“No era juguete escribir en la época de Stroessner. Te quedaban la autocensura o el exilio como posibilidades. Creo que la obra de Casaccia, fundamentalmente a partir de su novela La babosa, es la que marca el camino para romper el pensamiento único impuesto desde el poder”, reflexiona el poeta Douglas Diegues. Desde su exilio argentino, Gabriel Casaccia funda el sentido crítico y la modernidad de las letras paraguayas. Si el arribeño Barret había sido el padre de la literatura nacional, con su libro La babosa (1952), Casaccia funda la novelística moderna del Paraguay. La babosa echa por tierra la representación pintoresca y folclórica del interior paraguayo, y pinta un fresco de aires sartreanos que demuele los falsos mitos fundadores del país guaraní. Condenando el atraso, el chisme, la violencia, el machismo y la frustración nacional, la novela, ambientada en Areguá –un pueblo de veraneo a las orillas del legendario lago Ypacaraí– construye un microcosmos del Paraguay, un ambiente que Casaccia desmenuza para criticar la fibra moral de todo el país. “Desde La babosa hasta Los exiliados (1967), pasando por La llaga (1964), noto que, sin quererlo, sin buscarlo ex profeso, he tratado de indagar cuál es la realidad de mi país; esa realidad profunda y auténtica, que subyace bajo lo superficial, anecdótico y cotidiano. Pero no inquiero lo genuino del ser paraguayo sirviéndome del costumbrismo o de su folclore, sino a través de sus conflictos y problemas sociales y humanos”, explicó Casaccia cuando lo consultaron sobre la esencia de su obra. Exiliado primero en Misiones y luego en Buenos Aires, Casaccia batalló toda su vida para denunciar la amarga realidad de los años de plomo. Cuentan que gran parte de su extensa obra se ambienta en su eterno Areguá –”desde hace tiempo” en guaraní–. “En mis novelas la parte personal es Areguá. Uso mis relatos para volver espiritualmente a ese lugar donde viví las tristezas y gocé las alegrías de mi infancia y adolescencia, y donde dejé tantos recuerdos al crecer. Más pasa el tiempo y más tengo la sensación de que la única vez que fui de verdad yo fue en aquellos años. Y puede ser que ahora esté buscando su leve e imperceptible roce cada vez que me refugio en ese pueblo con la imaginación. Pero todo eso está ya tan lejos, que hay momentos que me parece que Areguá es un pueblo que lo sueño, y que no existe, sino en mis libros. Tal vez dentro de algunos años no sea más que eso: un pueblo imaginado.”

La dictadura de Stroessner cayó en 1989. Demasiado tarde. Casaccia nunca pudo volver a su Areguá. Murió en el ajeno Buenos Aires en 1980.

LA ERA POST ROA

Más allá de la escasa difusión internacional, el irrisorio apoyo estatal y las dificultades para publicar, la nueva camada de escritores y poetas paraguayos de la era post Roa ya salieron a la cancha hace rato. Es que, después de la caída de la dictadura, la apertura democrática y un relativo boom editorial de la década del noventa, un buen número de escritores ha puesto en marcha un proceso de actualización y búsqueda en las letras del país. “Hay toda una nueva generación de narradores y poetas que se sienten libres del mandato de los padres de la literatura paraguaya. Recuperan cierta herencia vanguardista under de los ’70 y ’80, y se sienten mucho más libres para tratar otros temas y explorar las lenguas que conviven en el Paraguay”, explica el poeta y editor brasiguayo Douglas Diegues, principal impulsor del uso del portuñol salvaje –una lengua que mezcla el guaraní, el callejero jopará, el castellano y el portugués– y creador de la laboriosa editorial cartonera Yiyi Jambo, hermana guaraní de la porteña Eloísa Cartonera.

El poeta Jorge Canese –uno de los autores más comprometidos con esa búsqueda vanguardista y experimental– habla de escritores de las tres fronteras, donde el cruce y el contrabando de lenguas borran los límites nacionales. “Como que muchos escritores paraguayos tienen un terror bárbaro de que se ponga en evidencia que la mayoría de los paraguayos hablamos así, con esa mezcla”, advierte Cristino Bogado, poeta y narrador que lleva adelante la editorial alternativa Jakembó. “El tema de la diglosia: no hablamos bien el castellano, no hablamos bien el guaraní, entonces mezclémoslo”, dice Bogado mientras los tererés y las cervezas compartidas en una hamaca paraguaya estiran la noche asunceña.

Carlos Bazzano, Fredy Casco, Edgar Pou, Julio Benegas, Montserrat Alvarez, Lourdes Talavera, Lía Colombino, Domingo Aguilera, José Pérez Reyes y Javier Viveros son algunos de los narradores y poetas que refrescan el panorama contemporáneo. Libros que abordan la desestructuración social del mundo rural; tramas que bailan el ritmo cumbiantero y cachaquero de los barrios populares; voces olvidadas que afloran desde el interior indígena y campesino; historias que bucean el pesado under capitalino.

La proliferación de voces, editoriales independientes y ferias del libro en todo el país es un síntoma que habla de la vitalidad que viven las letras paraguayas. Después de seis décadas parece que las cosas empezaron a cambiar con la caída del tótem Colorado. Si hasta sorprende que Fernando Lugo haya citado a Barret, a Roa Bastos y al poeta Elvio Romero en su discurso de asunción. “Espero que los haya leído en serio –reflexiona Bogado–, le pueden dar una buena mano.”

Para leer en la hamaca

“Aquí nadie me apura. Leo casi todo el día. De noche duermo tranquilo y por las tardes hago unas largas siestas, que es uno de mis grandes placeres. No sé quién me dijo una vez que me gusta esta clase de vida porque soy perezoso, y que Areguá alienta mi pereza. Tal vez. Pero podía ser lo contrario. Que parezca perezoso porque vivo sin prisa. A menudo se toman las virtudes por vicio.” Gabriel Casaccia. La babosa (Editorial Losada, 1960).

“La abuela no sabía cómo explicarles, pues ni Raúl ni Reinaldo habían visto una locomotora o vagones. Fue entonces que ella se percató también de que no había ejemplo posible. ¿Cómo haría ver a su nieto un cerro casi desaparecido y cómo comparárselo a un tren si tampoco eso estaba a la vista? Hacía años que el tren no circulaba. Luisa no podía aún contarles que el país estaba peor que después de la guerra y que las autoridades encargadas fueron los peores enemigos del pueblo. Las postales mal tomadas, las carreras desviadas y las metas nunca alcanzadas, resumen el estado de las cosas aquí. Era una larga plegaria inconclusa antes de decir amén.” José Pérez Reyes. “El cerro y el tren” en Clonsonante (Arandura Editorial, 2007).

“Dicen que cierto día Perurimá fue llegando a una casa en busca de trabajo. Conversó con el dueño quien le dijo: ‘Quiero que me haga un araje, en la parte del arroyo para allá, en esa limpiada. Pero lo que no quiero es trabajo torcido. Quiero que lo haga bien derecho’. Dicen que Perurimá fue arando bien derecho y sin ninguna curva, y que a los tres meses recién se le pudo dar alcance, allá por el medio de Brasil. Hizo un solo surco.” Miguelángel Meza. “De cuando estuvo arando” en Perurimá rapykuere. Los increíbles casos de Perurimá (Fondec, 1985).

“Que las lágrimas del limón bañen el cuerpo, / la tristeza seca y peluda del cuerpo; que planten en su territorio / escondidos oasis llenos de una amargura íntima y sagrada; / que incendien con un fuego reptante los panales / donde se acumula el dolor; que su música tórpida y picante / ruede polvo y carne abajo como una aurora / que, más que iluminar, cortará; que su Apocalipsis cítrico / haga palidecer, o retraerse hasta una pleitesía amarilla / a la serpiente encendida que lo agita.” Cristino Bogado. “Constitución poética II” en La copa de Satana (Ediciones de la Ura, 2002).

“Hakú la yvy. El que no juntó miguitas en verano, que se vea con su guitarra y sus ruidos intestinales en invierno. Imperio por imperio me quedaré siempre con los romanos. Con abuso, con exceso de mando. Prefiero enemigos de frente. Después del quinto nivel el caos y la arbitrariedad van cobrando cada vez más forma. O menos. Ipahaitérupi: la verdad intoxicada a los más pintados. Explotó el indio. Le faltó poco pero no llegó al cielo. No estamos criticando. Civilizarse ya era de por sí arduo. Descivilizarse costará mucho más.” Jorge Canese. “Veneno para enanos” en Xamán Xapucero (Yiyi Jambo 2008).