La significación jurídica del Plan Cóndor

Rodolfo Yanzón

Abogado defensor de los Derechos Humanos, Argentina.

En unos meses mas la justicia argentina estará en condiciones de iniciar juicio oral y público por uno de los episodios más esclarecedores de lo que sucedió en nuestro continente durante la vigencia de las dictaduras. El denominado Plan Cóndor fue el acuerdo de los dictadores chilenos, bolivianos, uruguayos, brasileños, paraguayos y argentinos, por el cual dispusieron perseguir y eliminar a opositores políticos de cualquiera de esos países en el lugar donde se encontraren. El acuerdo tuvo la aceptación y el apoyo del gobierno norteamericano.

En sus Memorias, Henry Kissinger dijo meses antes de la caída del presidente chileno Salvador Allende, en septiembre de 1973, que "La nueva doctrina establece el derecho de los EEUU a intervenir en cualquier país del mundo, amigo o enemigo, para cambiar su gobierno". También confirmó que la Embajada norteamericana en Santiago de Chile había pagado una suma de dinero para que el Parlamento no eligiera a Allende como presidente. Un millón cuatrocientos cuarenta y un mil dólares.

El agregado militar del FBI en la Embajada norteamericana en Buenos Aires, el 26 de septiembre de 1976 informó a su director general la concertación del Plan Cóndor por parte de los seis países involucrados. El objetivo, tal como se desprende de una comunicación autenticada por el Departamento de Justicia de los EEUU obrante en la causa penal, una vez localizados los exiliados en cualquiera de los países, se enviaría un grupo de inteligencia encargado de evaluar sus conexiones, sostenes e importancia de su funcionamiento. Un segundo grupo sería enviado con capacidad operativa necesaria para aplicar "sanción hasta el asesinato".

El Plan Cóndor fue diseñado por las dictaduras fundamentalmente para eludir la protección internacional que las convenciones otorgaban a los perseguidos, esencialmente la Convención Internacional sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que establece que los Estados parte deben proteger a quienes sufrieren persecuciones por razones políticas, entre otras, de sus países de origen. El Alto Comisionado para el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) es el organismo internacional destinado a evaluar la existencia de motivos que permiten albergar a los perseguidos.

Entre 1973 y 1976 principalmente, la Argentina fue país de recepción de perseguidos que huían de las dictaduras que ya se habían instalado en países vecinos, especialmente de Paraguay, Chile y Uruguay. Por ese motivo nuestro país fue el principal escenario en el cual se llevaron a cabo acciones criminales. El asesinato del General chileno Carlos Prats y de su mujer Sofía Cuhbert, el del presidente y general boliviano Juan José Torres, como el de los dirigentes políticos uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, integran la lista de las víctimas. Los que fueron secuestrados con vida pasaron por el centro de tortura y exterminio denominado "Automotores Orletti" en el barrio porteño de Flores, alquilado por agentes de la SIDE que funcionó bajo las órdenes de Otto Paladino y Aníbal Gordon. En dicho centro operaron militares chilenos y uruguayos.

Por estos hechos se había requerido la extradición de militares como Pinochet, Contreras y Espinoza, de Chile; Hugo Banzer de Bolivia, Alfredo Stroessner de Paraguay y del general uruguayo Vadora y de varios de sus colaboradores. La muerte impedirá insistir con el reclamo de Pinochet y de Stroessner (este último, con una pequeña ayuda del Brasil).

Al requerir la elevación a juicio, el fiscal Miguel Ángel Osorio imputó la comisión del delito de asociación ilícita por la concertación de un plan criminal, destinado a perpetrar asesinatos, torturas y desapariciones forzadas, con independencia de que esos actos se hubieren finalmente cometido. La mayoría, en verdad, se llevó a cabo y también forma parte de la acusación (ciento diez casos).

También hubo apropiaciones de niños, como el caso de Carla Artés Company, secuestrada en Bolivia junto a sus padres Graciela Rutila Artés (argentina) y su padre Enrique Lucas Company (uruguayo, militante tupamaro), por el que la Embajada de Bolivia había enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación Argentina una nota de la que surge que la familia había sido secuestrada en el marco del Plan Cóndor. La niña y su madre fueron entregadas a Gendarmería Nacional argentina y puestas en custodia de la Triple A -Alianza Anticomunista Argentina-. Los padres están desaparecidos y Carla fue apropiada por Eduardo Ruffo, agente civil de la SIDE que operó en el centro clandestino Orletti. Finamente fue recuperada por su abuela materna.

Mas allá de que aún no hemos podido juzgar a militares extranjeros (ni a los dirigentes norteamericanos que los sostuvieron), el proceso iniciado sobre el Plan Cóndor adquiere una relevancia sin precedentes, considerando que es la primera vez que jueces de un país deciden investigar una organización criminal internacional, conformada por funcionarios militares de distintos países, que acordaron perpetrar crímenes de lesa humanidad. El proceso fue iniciado en septiembre de l999, cuando la impunidad era norma en la Argentina, a partir de una presentación formulada por querellantes de cada uno de los países involucrados, con el patrocinio de los abogados Alberto Pedroncini y David Baigún. Los acusados son los argentinos Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy, Antonio Domingo Bussi, Luciano Benjamín Menéndez, Antonio Vañek, Carlos Tragant, Juan Pablo Saa, Santiago Omar Riveros, Jorge Olivera Rovere, Cristino Nicolaides, Bernardo Menéndez, Carlos Landoni, Eugenio Guañabens Perelló, Ramón Díaz Bessone, Eduardo Delío y Ernesto Alais.

Si bien el principal escenario de operaciones estuvo en territorio argentino, el Plan Cóndor tuvo su sede funcional en Santiago de Chile, donde se coordinaron las acciones, se intercambió información y se complementaron proyectos criminales. Con ese fin se establecieron mecanismos de comunicación entre los centros clandestinos de los distintos países.

El hecho disparador del descubrimiento del Plan Cóndor fue el asesinato de Orlando Letelier, canciller de Salvador Allende, y de su secretaria, en la ciudad de Washington. El abogado paraguayo Martín Almada, testigo en la causa, halló en una de las dependencias del Estado paraguayo, cinco toneladas de documentos que contenían información acerca de los cincuenta años de represión política en Paraguay: la conexión Nazi y la intervención de Interpol al servicio de Cóndor y los documentos del Operativo Cóndor.

Esa documentación constató que los agregados militares de los países involucrados trabajaron exclusivamente para el Operativo Cóndor. También dijo que estando en manos de los militares paraguayos había sido interrogado por militares chilenos y argentinos que pretendieron conocer el paradero de militantes políticos de esos países. El intercambio de secuestrados y de información fue frecuente, lo que quedó asentado en distintas notas de agradecimiento que circularon entre las fuerzas militares.

Hace poco el juez Daniel Rafecas envió a juicio oral la causa por los crímenes cometidos en el centro clandestino "Automotores Orletti", en la que están imputados el comodoro de la Fuerza Aérea Néstor Guillamondegui, el coronel del Ejército Rubén Visuara, el general de división Eduardo Cabanillas, y los miembros de la SIDE Horacio Martínez Ruiz, Raúl Guglielminetti y Eduardo Ruffo. Falta decidir que ambos procesos se acumulen y que haya un solo juicio, dado que existe prueba común y fundamentalmente para proteger a los testigos, que no deben ser expuestos más allá de lo estrictamente necesario y cuyos testimonios tendrán resonancia en todo el continente.

EL HISTORIADOR LEON POMER

Dicen que Argentina ocultó datos sobre guerra con la Triple Alianza

La historia oficial de Argentina brindó una “versión retorcida y recortada” de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, que fue absolutamente “impopular” y desencadenó una guerra civil en el vecino país, asegura el historiador León Pomer. El estudioso señala en un libro que los argentinos inicialmente se opusieron a participar en el conflicto armado.

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Ultimo retrato del Macal. Francisco Solano López.

Pomer, nacido en 1928 y exiliado en San Pablo, Brasil, durante la dictadura argentina, es el autor de “La Guerra del Paraguay-Estado, política y negocios”, que en su tercera edición ha sido reeditada por Colihue y presentada esta semana en Buenos Aires. “La historia argentina ocultó que durante cinco años el pueblo luchó contra la participación en la guerra y se dispersaron dos ejércitos reunidos en el litoral para marchar al Paraguay”, afirmó Pomer. La victoria militar lograda en la Guerra del Paraguay -junto con Brasil- fue “ utilizada para proclamar la unidad nacional, que no existía hasta entonces y que era indispensable para el nacimiento del Estado argentino”, explicó Pomer. El historiador recordó que el general Bartolomé Mitre, jefe de los Ejércitos de la Triple alianza y posteriormente presidente argentino, “ordenó destruir 250 metros cúbicos de archivos” sobre las relaciones exteriores del país durante el gobierno precedente del caudillo Juan Manuel de Rosas y la guerra contra Paraguay. Pomer ironizó durante la presentación que en “realidad es incorrecto hablar de la Triple Alianza porque fueron cuatro los países en guerra contra Paraguay. Hay que contar también a Gran Bretaña”, que financió a los ejércitos de Argentina, Uruguay y Paraguay. “Mitre acusó de traidor a su compatritoa Juan Bautista Alberdi por su posición a favor de Paraguay”, recordó el historiador. Por ese motivo, “se demoró durante décadas de la colocación de una estatua de Alberdi en la ciudad de Buenos Aires”, explicó el autor, pese a que fue un eminente jurista, inspirador de la Constitución Argentina de 1853 y precursor del Estado de derecho en el país. Entre los documentos históricos, Pomer citó la carta de un estanciero a un general argentino “en la que pedía que por favor le devolvieran las cadenas con las que había mandado engrillados a sus arrieros al frente de batalla”. “Esos eran los voluntarios de los que hablaban Mitre y los generales argentinos”, resaltó Pomer. El ensayista subrayó que “no hay historiador ingenuo o que pueda tomar distancia objetiva de los hechos”, al defender “la pasión” con que emprendió la revisión de la guerra del Paraguay. Pomer es especialista en historia argentina y latinoamericana, fue profesor de las Universidades de Buenos aires, de Campiñas y de Estado de San Pablo, donde residió hasta mediados de 2005. Entre la veintena de libros publicados, figuran “Historias de América hispano-indígena” y “Cinco años de guerra civil”, que fueron editados en 1983 y 1986 en Brasil.
Diario ABC. Asunción 7 diciembre
RAFAEL BARRET. AUGUSTO ROA BASTOS. JOSEFINA PLA. LA PORTADA DE LA BABOSA Y SU AUTOR, GABRIEL CASACCIA. ELVIO ROMERO

Naranjo en flor

(Domingo, 23 de Noviembre de 2008, RADAR LIBROS, Página12)

Por Nicolas G. Recoaro, desde Asuncion

El tereré ayuda a que el insufrible calor de la tarde asunceña sea más llevadero. En la plaza Uruguay, centro neurálgico del mercado literario paraguayo, varios libreros pasan de mano en mano la infusión milagrosa. “Mucho calor, chera’a (compañero). No le voy a mentir, deben pasar los 34 grados y apenas se aguanta. Pero ya no nos mienten como en la época de Stroessner, cuando se prohibía decir que hacía más de 30. Usted sabe cómo era el dictador. Quería dominarnos hasta en lo psicológico. Fíjese en los libros, cualquier duda me consulta, chera’a”, explica el vendedor mientras recarga su termo con hielo y otras yerbas.

En la mesa de la librería se agolpan obras de Elvio Romero, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Rafael Barret, Rubén Bareiro Saguier, Reneé Ferrer, Joaquín Morales, Jorge Canese y Domingo Aguilera. Obras y autores prácticamente desconocidos por fuera de las fronteras de esta “isla rodeada de tierra”, como alguna vez la bautizó Augusto Roa Bastos, el escritor supremo del país guaraní.

Es que en el mapa de la literatura latinoamericana las letras paraguayas ocupan un lugar incierto, un sitio imaginario cercano al vacío. Una incógnita cargada de estigmas y estereotipos (“el pozo cultural”, “la isla periférica” y hasta “el país misterioso, lleno de naranjas y dictadores y bellos habitantes que hablan guaraní”) que sugieren aislamiento y marginalidad dentro del campo cultural latinoamericano. Sin embargo, y pese a los mañosos esfuerzos de la senil esfera ligada a la elite tradicional, la literatura paraguaya muestra que late al calor de los nuevos tiempos que vive el país. Un Paraguay no tan misterioso y gobernado por un cura tercermundista, con más soja transgénica que naranjas, más mafiosos ligados al Partido Colorado que dictadores, y con una población variopinta que espera la reforma agraria y que hace del trauma de la diglosia terreno fértil para el jopará (lengua híbrida que nace de la mezcla del guaraní con el castellano). Al final, el pozo no estaba tan vacío.

UN LIBRO ES UN LUJO

“Hay varios factores que influyeron para que no se conociera la literatura paraguaya más allá de nuestra fronteras. Y no sólo lo podría reducir a nuestra mediterraneidad o la corpulencia cultural de nuestros vecinos. Pero es importante resaltar que la literatura paraguaya ha tenido un nacimiento problemático y tardío. Sea por nuestro comienzo independiente, el aislacionismo de los gobiernos de Francia y de los López, la “Guerra del Setenta” y el volver a nacer después de la derrota. Y por supuesto, el cerrojo cultural que impuso la dictadura de Alfredo Stroessner y su larga noche de treinta años. Fueron factores que entorpecieron y que no ayudaron a saltar fronteras”, explica Blas Brítez, periodista del suplemento Correo Semanal, del diario Ultima Hora. Pero a pesar de las condiciones adversas: censura, exilios forzados, penurias económicas y la indiferencia a la que estuvieron condenadas, las letras paraguayas siguen dando pelea. “Y aunque nadie le tome el pulso, nuestra literatura goza de una increíble vitalidad. Está latiendo cada vez más fuerte”, cierra Brítez, mientras caminamos frente a la histórica estación de ferrocarril de Asunción. Esa misma que fue fundada en los fogosos años del mariscal Solano López, antes de que la “Guerra de la Triple, perdón, Cuádruple Alianza” (¿cómo olvidarnos de Inglaterra y sus libras que financiaron la campaña?) dejara al Paraguay hecho cenizas.

“El pueblo paraguayo tiene una relación de agua y aceite con el libro, y ésa es una herencia directa de la opresión de la dictadura”, reflexiona el escritor Miguelángel Meza. “Por varias décadas, el que tenía un libro en la mano, o era comunista o era evangelista. Acá había un solo camino posible: ser católico y colorado. El libro era enemigo de ese camino y el que leía era peligroso.” En la década del ’70, Meza, junto a los poetas Amanda Pedrozo, Lisandro Cardozo y Moncho Azuaga, formó parte del taller “Manuel Ortiz Guerrero”, un proyecto de jóvenes escritores que unieron sus plumas contra la opresión del régimen. “Eran épocas peligrosas, con la policía vigilando las lecturas de poesía y controlando lo que se escribía. El nefasto slogan de la dictadura: los libros muerden, dejó un legado muy pesado en este país.”

A casi 20 años de la caída de Stroessner, los flacos bolsillos del pueblo y el grueso índice de analfabetismo son la herencia más cercana de una democracia colorada que siguió censurando, oprimiendo y alejando a buena parte de los paraguayos de los libros. “Comprar un libro es un lujo, comprar el diario es un lujo, hasta comer es un lujo para la mayoría de los paraguayos”, explica el escritor José Pérez Reyes.

A ese guiso amargo de penurias, el exuberante bilingüismo del país le agrega un condimento especial a la relación con la cultura letrada. Es que la tradición oral del guaraní –junto a la de otros veinte dialectos que habitan el país– es el vehículo de comunicación nacional y popular. Esa lengua prohibida, asesinada y silenciada desde el nacimiento del Paraguay, se ha transformado en la lengua de la sociedad entera. El lenguaje de los oprimidos que germina hasta en las voces de sus opresores. “Acá se intentó argentinizar y se prohibió hablar guaraní después de la caída de Solano López. Un proyecto disparatado que fracasó. Y pese a que en los últimos años hubo toda una institucionalización y academización, el guaraní sigue siendo la lengua baja, de la calle y del campo. Una lengua que rompe todos los purismos académicos y que cuando llega al libro pierde mucha vida. Para mí el Paraguay real está en la mezcla, y mientras no seamos capaces de enunciarnos como pueblo guaraní, es muy difícil hacer todo el resto”, explica el poeta y editor Cristino Bogado, mientras un mar de vendedoras nos ofrecen sandalias franciscanas –“las que usa el presidente Lugo”, dice orgullosa una de las mujeres–, en uno de los tantos callejones del barroco Mercado 4. Es que con la llegada del ex obispo Fernando Lugo a la presidencia, luego de más de 61 eternos años colorados en el poder, las reivindicaciones populares –y no sólo en lo que hace al vestir– parecen comenzar a tomar otro color, aunque a veces todavía destiñan en tonalidad rojo rancio.

RENACER Y LOS ARRIBEÑOS

En general, se considera que la literatura paraguaya se inicia a principios de siglo XX con las obras de un grupo de intelectuales que irrumpen en los años de la reconstrucción nacional. “Estos escritores, nacidos casi todos durante, poco antes o poco después de la Guerra del Setenta, en su mayoría prolíficos ensayistas y poetas, integran la llamada ‘generación del 900’, y a través de su quehacer literario se proponen la reconstrucción espiritual del país, reafirmando los valores nacionales y reivindicando ciertos aspectos del pasado histórico paraguayo”, explica la crítica literaria Teresa Méndez Faith. Poseídos por el ethos nacionalista y la influencia krausista, la “generación del 900” trazó las bases para la larga y penosa reconstrucción nacional, basándose en la edificación de un costumbrismo cargado de mitos guaraníes mansos y tradiciones patricias sin conflicto. Hasta bien entrado el siglo XX, el ensayo histórico y la narrativa se empaparon de ese tardío romanticismo que resaltaba el pasado heroico y los valores espirituales del pueblo. El discurso de la raza guaraní y del mestizaje armónico se transformó en el hilo conductor de la reflexión sobre la identidad nacional, adquiriendo un carácter claramente político e ideológico.

Paralelamente, la influencia de poetas y escritores “arribeños”, principalmente venidos del Viejo Continente, marcaron un antes y un después en las letras del país. “El aporte de los escritores arribeños ha sido todo un síntoma de nuestra literatura. Creo que desde un principio los paraguayos hemos tenido dificultades para decirnos cosas a nosotros mismos. Nos dijeron otros, nos llamaron otros. Los libros que se escribieron sobre el Paraguay vinieron de suizos, franceses y españoles”, explica Pérez Reyes, mientras compartimos una generosa porción de sopa paraguaya en el centro de Asunción. El caso paradigmático de arribeño es el del dandy libertario Rafael Barret. Llegado al Paraguay a finales de 1904 para cubrir las sangrientas revoluciones liberales que azotaban el país, Barret inició su labor de analista de realidades en periódicos locales, desde donde denunciaba las injusticias sociales, la desesperación y el sufrimiento campesino y plebeyo. “Barret nos enseñó a escribir a los escritores paraguayos, nos introdujo vertiginosamente en la luz rasante y al mismo tiempo nebulosa, casi fantasmagórica de la realidad que delira, de sus mitos y contramitos históricos, sociales y culturales”, explicó alguna vez Roa Bastos. Su pirotécnica prosa cargada de ironía e ideales anarquistas le valió la enemistad con los intelectuales comprometidos con el poder de turno. Con El dolor paraguayo (1909), Lo que son los yerbales (1910) y una prolongada saga de crónicas y cuentos, la piedra angular de la literatura paraguaya del futuro comenzaba a cobrar forma. Varias décadas después, el aporte arribeño se renueva con la prolífica labor cultural de Josefina Plá, una española de aires renacentistas –fue periodista, escritora, docente, ceramista– que llevó adelante una intensa y lúcida tarea cultural en tierras paraguayas. Con una descomunal obra conformada por más de cuarenta títulos en poesía, narrativa, teatro, ensayo y crítica literaria, Plá llegó a construir un verdadero espacio renovador y crítico dentro del vacío represivo y costumbrista impuesto por la dictadura de Stroessner.

“Creo que el aporte de los arribeños fue fundamental, pero también hay que reconocer que el paraguayo siempre estuvo muy acostumbrado a mirarse en espejos ajenos. Quizás hoy estamos dándonos cuenta de que también podemos construir nuestro propio espejo. Un espejo que muchas veces parece sucio, roto o manchado. Un espejo que de algún modo muestra una imagen medio borrosa y difusa, pero una imagen que construimos nosotros mismos”, comenta Pérez Reyes mientras me sugiere que apure el cocido que acompaña la merienda. El viento que sopla desde la bahía Asunción ya borró de un plumazo los innombrables treinta y pico grados de calor.

LEJOS DE CASA

Luego de la Guerra del Chaco (1932-1935), la sangrienta Revolución del año ’47 y la irrupción de la dictadura stronista, emigrar y partir al exilio fueron montando el doloroso modus vivendi que debieron asumir muchos escritores paraguayos. “Hacen bien en abandonar este jardín desolado, en dejar que se coman el Paraguay los yuyos, las víboras, los políticos. Hacen muy bien en irse a donde la tierra sea más dura y los hombres menos crueles, a donde no haya que luchar sino contra los caprichos del cielo y la aspereza de los campos, a donde tengan la esperanza de que brote y se levante al sol lo que siembren... ¡Hacen bien...! Cuantos más emigren, mejor. El derecho supremo es vivir, y cuando no se puede vivir en un sitio, el deber supremo es irse a vivir a otra parte”, recomendaba con aire profético Barret en 1910. Cuatro décadas después, los arrestos arbitrarios, la persecución ideológica y la represión política llevaron al exilio a casi un millón de paraguayos, entre ellos, a muchos trabajadores de las letras. Augusto Roa Bastos, Elvio Romero, Hérib Campos Cervera, Rubén Bareiro Saguier y Rodrigo Díaz Pérez fueron algunos de los escritores exiliados que enriquecieron las letras paraguayas sin la aterradora picana dictatorial como banda de sonido.

“No era juguete escribir en la época de Stroessner. Te quedaban la autocensura o el exilio como posibilidades. Creo que la obra de Casaccia, fundamentalmente a partir de su novela La babosa, es la que marca el camino para romper el pensamiento único impuesto desde el poder”, reflexiona el poeta Douglas Diegues. Desde su exilio argentino, Gabriel Casaccia funda el sentido crítico y la modernidad de las letras paraguayas. Si el arribeño Barret había sido el padre de la literatura nacional, con su libro La babosa (1952), Casaccia funda la novelística moderna del Paraguay. La babosa echa por tierra la representación pintoresca y folclórica del interior paraguayo, y pinta un fresco de aires sartreanos que demuele los falsos mitos fundadores del país guaraní. Condenando el atraso, el chisme, la violencia, el machismo y la frustración nacional, la novela, ambientada en Areguá –un pueblo de veraneo a las orillas del legendario lago Ypacaraí– construye un microcosmos del Paraguay, un ambiente que Casaccia desmenuza para criticar la fibra moral de todo el país. “Desde La babosa hasta Los exiliados (1967), pasando por La llaga (1964), noto que, sin quererlo, sin buscarlo ex profeso, he tratado de indagar cuál es la realidad de mi país; esa realidad profunda y auténtica, que subyace bajo lo superficial, anecdótico y cotidiano. Pero no inquiero lo genuino del ser paraguayo sirviéndome del costumbrismo o de su folclore, sino a través de sus conflictos y problemas sociales y humanos”, explicó Casaccia cuando lo consultaron sobre la esencia de su obra. Exiliado primero en Misiones y luego en Buenos Aires, Casaccia batalló toda su vida para denunciar la amarga realidad de los años de plomo. Cuentan que gran parte de su extensa obra se ambienta en su eterno Areguá –”desde hace tiempo” en guaraní–. “En mis novelas la parte personal es Areguá. Uso mis relatos para volver espiritualmente a ese lugar donde viví las tristezas y gocé las alegrías de mi infancia y adolescencia, y donde dejé tantos recuerdos al crecer. Más pasa el tiempo y más tengo la sensación de que la única vez que fui de verdad yo fue en aquellos años. Y puede ser que ahora esté buscando su leve e imperceptible roce cada vez que me refugio en ese pueblo con la imaginación. Pero todo eso está ya tan lejos, que hay momentos que me parece que Areguá es un pueblo que lo sueño, y que no existe, sino en mis libros. Tal vez dentro de algunos años no sea más que eso: un pueblo imaginado.”

La dictadura de Stroessner cayó en 1989. Demasiado tarde. Casaccia nunca pudo volver a su Areguá. Murió en el ajeno Buenos Aires en 1980.

LA ERA POST ROA

Más allá de la escasa difusión internacional, el irrisorio apoyo estatal y las dificultades para publicar, la nueva camada de escritores y poetas paraguayos de la era post Roa ya salieron a la cancha hace rato. Es que, después de la caída de la dictadura, la apertura democrática y un relativo boom editorial de la década del noventa, un buen número de escritores ha puesto en marcha un proceso de actualización y búsqueda en las letras del país. “Hay toda una nueva generación de narradores y poetas que se sienten libres del mandato de los padres de la literatura paraguaya. Recuperan cierta herencia vanguardista under de los ’70 y ’80, y se sienten mucho más libres para tratar otros temas y explorar las lenguas que conviven en el Paraguay”, explica el poeta y editor brasiguayo Douglas Diegues, principal impulsor del uso del portuñol salvaje –una lengua que mezcla el guaraní, el callejero jopará, el castellano y el portugués– y creador de la laboriosa editorial cartonera Yiyi Jambo, hermana guaraní de la porteña Eloísa Cartonera.

El poeta Jorge Canese –uno de los autores más comprometidos con esa búsqueda vanguardista y experimental– habla de escritores de las tres fronteras, donde el cruce y el contrabando de lenguas borran los límites nacionales. “Como que muchos escritores paraguayos tienen un terror bárbaro de que se ponga en evidencia que la mayoría de los paraguayos hablamos así, con esa mezcla”, advierte Cristino Bogado, poeta y narrador que lleva adelante la editorial alternativa Jakembó. “El tema de la diglosia: no hablamos bien el castellano, no hablamos bien el guaraní, entonces mezclémoslo”, dice Bogado mientras los tererés y las cervezas compartidas en una hamaca paraguaya estiran la noche asunceña.

Carlos Bazzano, Fredy Casco, Edgar Pou, Julio Benegas, Montserrat Alvarez, Lourdes Talavera, Lía Colombino, Domingo Aguilera, José Pérez Reyes y Javier Viveros son algunos de los narradores y poetas que refrescan el panorama contemporáneo. Libros que abordan la desestructuración social del mundo rural; tramas que bailan el ritmo cumbiantero y cachaquero de los barrios populares; voces olvidadas que afloran desde el interior indígena y campesino; historias que bucean el pesado under capitalino.

La proliferación de voces, editoriales independientes y ferias del libro en todo el país es un síntoma que habla de la vitalidad que viven las letras paraguayas. Después de seis décadas parece que las cosas empezaron a cambiar con la caída del tótem Colorado. Si hasta sorprende que Fernando Lugo haya citado a Barret, a Roa Bastos y al poeta Elvio Romero en su discurso de asunción. “Espero que los haya leído en serio –reflexiona Bogado–, le pueden dar una buena mano.”

Para leer en la hamaca

“Aquí nadie me apura. Leo casi todo el día. De noche duermo tranquilo y por las tardes hago unas largas siestas, que es uno de mis grandes placeres. No sé quién me dijo una vez que me gusta esta clase de vida porque soy perezoso, y que Areguá alienta mi pereza. Tal vez. Pero podía ser lo contrario. Que parezca perezoso porque vivo sin prisa. A menudo se toman las virtudes por vicio.” Gabriel Casaccia. La babosa (Editorial Losada, 1960).

“La abuela no sabía cómo explicarles, pues ni Raúl ni Reinaldo habían visto una locomotora o vagones. Fue entonces que ella se percató también de que no había ejemplo posible. ¿Cómo haría ver a su nieto un cerro casi desaparecido y cómo comparárselo a un tren si tampoco eso estaba a la vista? Hacía años que el tren no circulaba. Luisa no podía aún contarles que el país estaba peor que después de la guerra y que las autoridades encargadas fueron los peores enemigos del pueblo. Las postales mal tomadas, las carreras desviadas y las metas nunca alcanzadas, resumen el estado de las cosas aquí. Era una larga plegaria inconclusa antes de decir amén.” José Pérez Reyes. “El cerro y el tren” en Clonsonante (Arandura Editorial, 2007).

“Dicen que cierto día Perurimá fue llegando a una casa en busca de trabajo. Conversó con el dueño quien le dijo: ‘Quiero que me haga un araje, en la parte del arroyo para allá, en esa limpiada. Pero lo que no quiero es trabajo torcido. Quiero que lo haga bien derecho’. Dicen que Perurimá fue arando bien derecho y sin ninguna curva, y que a los tres meses recién se le pudo dar alcance, allá por el medio de Brasil. Hizo un solo surco.” Miguelángel Meza. “De cuando estuvo arando” en Perurimá rapykuere. Los increíbles casos de Perurimá (Fondec, 1985).

“Que las lágrimas del limón bañen el cuerpo, / la tristeza seca y peluda del cuerpo; que planten en su territorio / escondidos oasis llenos de una amargura íntima y sagrada; / que incendien con un fuego reptante los panales / donde se acumula el dolor; que su música tórpida y picante / ruede polvo y carne abajo como una aurora / que, más que iluminar, cortará; que su Apocalipsis cítrico / haga palidecer, o retraerse hasta una pleitesía amarilla / a la serpiente encendida que lo agita.” Cristino Bogado. “Constitución poética II” en La copa de Satana (Ediciones de la Ura, 2002).

“Hakú la yvy. El que no juntó miguitas en verano, que se vea con su guitarra y sus ruidos intestinales en invierno. Imperio por imperio me quedaré siempre con los romanos. Con abuso, con exceso de mando. Prefiero enemigos de frente. Después del quinto nivel el caos y la arbitrariedad van cobrando cada vez más forma. O menos. Ipahaitérupi: la verdad intoxicada a los más pintados. Explotó el indio. Le faltó poco pero no llegó al cielo. No estamos criticando. Civilizarse ya era de por sí arduo. Descivilizarse costará mucho más.” Jorge Canese. “Veneno para enanos” en Xamán Xapucero (Yiyi Jambo 2008).


UNA COPRODUCCION ARGENTINO-PARAGUAYA DE LA NOVELA DE MEMPO GIARDINELLI

“La revolución en bicicleta”, al cine

Mempo Giardinelli es un escritor atípico. Publicó “La revolución en bicicleta” estando en México, pero salió en España. Luego vivió en Buenos Aires para retornar a su Resistencia natal. Ahora anuncia, con cuota de misterio, el rodaje de esa novela.

El escritor argentino ayer a la siesta durante el encuentro con ABC Color. Esta misma noche retorna a Resistencia.

Nos conocimos con Giardinelli a través de Juan Manuel Marcos en la Universidad de Oklahoma, Estados Unidos de Norteamérica, en 1986, en un simposio sobre Julio Cortázar. El argentino fue uno de los oradores centrales. La entrevista, por esas cosas de los tiempos, se realizó vía telefónica y en todo momento se pudo escuchar esa emoción hacia nuestro país. Debimos aguardar a que varios otros colegas terminaran primero con entrevistas ya marcadas. - ¿Cuánto creció o decreció "La revolución en bicicleta" en tu narrativa hoy? - Es mi primera novela publicada, marca de alguna manera un hito en mi propia producción, en mi vida como autor. Es un hito fundamental. Yo no sabía en aquel entonces que esta obra tendría en distintas lenguas, en distintos países, dentro de la misma literatura latinoamericana que se aprecia mucho y dentro de Paraguay, ni se diga, porque es mi novela más popular aquí. Así que claro mirarla ahora casi 40 años después, me es difícil mirarla. Yo la empecé a escribir en los años sesenta, setenta, más o menos. La verdad no tenía idea de la dimensión que podía adquirir. Hoy es una novela que ya la han leído varias generaciones y no sólo en el Paraguay, sino me da mucho placer cómo es leída en otras culturas. Mi vida como escritor ha seguido en otros carriles, yo he ido cambiando... - ¿Qué hay de cierto que el Capitán Bartolomé Araújo, en quien te basaste para escribir la novela, se había molestado contigo porque le inventaste una amante? - (Se ríe). Eso fue cierto. En un momento dado supe que estaba un poco contrariado. Tuve la fortuna de que hace unos 10 años una vez que vine al Paraguay para una feria del libro que organizó Pablo Burián, Bartolo vino a verme y estuvimos charlando muy amablemente. El ya era un hombre grande y ya entendió que lo que yo había hecho era una invención. - ¿No te quiso sacar el facón? - El me quería mucho. Con Bartolo teníamos una relación muy afectuosa porque mi vida estaba vinculada a él desde que yo era chiquito. Mi papá era amigo de él desde hace muchos años incluso el título de "La revolución en bicicleta" a mí me vino yo diría prefigurado porque cuando era chico mi papá hablaba de Bartolo como un hombre ejemplar. El siempre decía: "Ese es un hombre a imitar. Porque este es un revolucionario en serio, un hombre que ha dejado todo por sus convicciones, por sus ideales". Mi papá lo quería mucho y decía que era un ejemplo para toda América Latina porque era un hombre que había hecho una revolución en bicicleta. Y yo me crié en ese ambiente, en Resistencia había muchas familias paraguayas, muchos exiliados, venían prófugos, clandestinos. Yo los conocía a todos. Yo tenía una cierta familiaridad con don Bartolo. El siempre tuvo conmigo mucha confianza. Cuando él se enteró yo estaba en México, la novela salió en España, y claro los primeros comentarios se habrá fijado en que le inventé una amante. Inventé muchas cosas, porque la novela, como le expliqué a él, era una novela, no la historia de su vida ni la historia del Paraguay. Yo no soy historiador, no soy biógrafo. Yo soy novelista. Lo que hacemos es recrear, hacemos reinvenciones. Lo entendió. El último encuentro fue muyhermoso, me acuerdo que era en un patio, no me acuerdo dónde quedaba, en una avenida, en una especie de librería abierta, organizado por Burián de la feria del libro. No sé si Pablo lo había invitado o vino él solo. Yo todavía lo cargué, pues le dije que me dijeron que andaba medio fulero conmigo y me respondió que ya entendió. El estaba muy orgulloso porque ya había caído (Alfredo) Stroessner y había podido volver a Paraguay y se encontraba con que muchísima gente conocía a él y su gesta revolucionaria gracias a la novela. - ¿Nunca se llevó al cine? - No todavía. - ¿Hay planes?. - Hay planes. - Se puede saber algo más... - Y hasta ahora no. Vamos a dejar ahí. - De Argentina y de Paraguay. - De Argentina y de Paraguay. - Binacional. - Puede ser. El problema de esta novela es que requiere una producción grande. Ahí va a tener que intervenir tanto el Estado Argentino como el Paraguayo, porque necesita mucho apoyo. - De actor no necesitan un pelirrojo, por ejemplo. - No sé. No te sabría decir... No nos repartimos nada. Del lado argentino vamos a poder conseguir los apoyos, ahora del lado paraguayo hace falta... Ojalá el presidente (Fernando) Lugo y su gente hayan leído esta novela y quieran que quede en la historiografía y la cinematografía paraguaya esta novela. De mi parte van a tener toda la mayor contribución generosa. Para mí es muy importante que esta novela se pueda filmar, creo que el proyecto hasta lo que se ha conversado pinta bien, es algo serio, pero vamos a dejarlo ahí nomás. - Escribís vos el guión. - Vamos a trabajar un pequeño equipo. - ¿Podés tirar algún nombre? - No. El único que se conoce es el mío. - Qué pensás hoy cuando en la Plaza Uruguaya y en El Lector viene la policía e incauta los ejemplares de "La revolución en bicicleta". - Eso me dijeron que pasó hace años. En realidad como siempre pasa con las dictaduras y los censores, cuando prohiben una obra, lo que hacen es hacerle una enorme propaganda a la obra, porque a lo mejor mi novela no hubiera tenido la trascendencia o el reconocimiento que tuvo si no hubieran hecho esa acción torpe. Creo que metieron a uno o dos libreros presos, una cosa ridícula, pero bueno, por suerte ya estamos en democracia. Ya eso pertenece a la noche de los tiempos y hoy se puede leer. Lo que más me alegra es que muchos chicos y chicas paraguayos, las nuevas, las jóvenes generaciones están leyendo esta novela. Anoche (por el martes) me pasó algo muy hermoso, en la librería Fausto Cultural, había muchos chicos jóvenes, que traían su librito. Hay una edición muy barata, creo que es española o argentina, de esas pocket, muy barato, tenían y me encantó. Porque firmé varios. Y preguntaban. Eran las nuevas generaciones. Era maravilloso. -¿Podés comentar algo de "Soñario"? - "Soñario" es un libro que yo espero que a ver, que sea bien recibido en Paraguay y en Argentina. Ha tenido muy buena crítica, porque es un libro inesperado. Es un libro, creo que es la palabra que le cabe, inesperado, un libro raro, bastante dífícil de clasificar... - Es bastante fresquito... -Sí. Sí. Salió hace 4 meses. En la editorial Edasa, en Buenos Aires. Es un libro que no es una novela. No son cuentos. No es poesía. Son sueños. Pero en los sueños participan todos los géneros literarios. Y el sueño como la narración de un sueño, como la evocación de un sueño, como propuesta literaria me parece que está funcionando bien. Bueno, yo espero que esto sea aceptado alguna vez como un género literario. Un libro raro, original, creo yo es un libro simpático para leer. A mí me gusta comprobar que los lectores, las lectoras de este libro, lo pasan bien y me lo dicen. Y esto es muy hermoso. - Me dijero que en Fausto que te definís como un auténtico repatriado, porque estás de nuevo en Resistencia. - No me defino, pero es eso lo que sucedió. En realidad yo volví a Resistencia hace muchos años ya. Volví en los noventa, mi primera repatriación fue de México a la Argentina con la democracia, vivía algunos años en Buenos Aires y a principios de los noventa, 93 o 94 más o menos, empecé a moverme hasta Resistencia, quería volver a mi tierra y ahí me siento bien. Como decimos nosotros, "estoy hallado", porque es el lugar donde se me cargan las baterías, donde tengo calor, donde puedo dormir la siesta, donde tengo el ritmo tropical como a mí me gusta, como lo siento aquí en Paraguay, me siento en mi casa cada vez que vengo y estoy lejos de ese hormiguero pateado que es Buenos Aires. - ¿Y de Juan Manuel Marcos, tu amigo, qué se hizo? - Hace mucho no lo veo. No sé en qué anda. - ¿Se pelearon? - Nooooo. Yo no me peleo con la gente. Espero que él no esté peleado conmigo. La última vez que nos vimos fue ya hace muchos años, a principios del dos mil la Universidad del Norte nos nombró Profesores Honorarios a Augusto Roa Bastos, a Doris Summer de Harvard y a mí, eso fue una cosa muy honrosa, muy honorable. La última vez que nos vimos fue un encuentro en la casa de Agusto. ¿Pero Augusto en qué año murió? - En el 2005. - Esto debió ser en el 2002/2003, capaz. Después yo no he venido al Paraguay en los últimos años. - Ahora, tenés una fundación también. - Sí, tengo una fundación. - No es una fundición.

Hugo Gamarra, del Festival de Cine, y Mempo Giardinelli en el encuentro celebrado el martes en Fausto Cultural.

- Y a veces tengo miedo que sea una fundición, porque yo no soy un hombre de fortuna y tengo que andar pidiendo plata para las cosas que hacemos, pero venimos bien. Es una ONG sin fines de lucro, muy modesta, chiquita, provinciana. Trabajamos en la difusión de la lectura, nos importa mucho la cuestión de la lectura, el fomento de la misma, y tenemos una serie de actividades literarias. Tenemos mucho prestigio. Estoy muy orgulloso porque me acompaña un grupo grande de gente, pero es una acción puramente local. - ¿Dónde se puede ver información sobre la fundación? - Es muy fácil. En nuestra página web que es www.fundaciónmempogiardinelli.org.ar Pero si uno simplemente en google pone fundación mempo ya aparece todo. detone@abc.com.py

José Luis De Tone




INFORME FINAL
Anive haguä oiko 
CAPITULO DE CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
SOBRE DD HH EN PARAGUAY

Ñañemity, taheñói ñande kéra yvoty

toguahê tetãgua araite,

Topu’ã Paraguái. ¡A cultivar!, que en los sueños florezca el ideal

Que haya el día de la Redención

¡elevar la Nación!

Carlos Federico Abente – José Asunción Flores

Presentación

La Comisión de Verdad y Justicia presenta a continuación las conclusiones y recomendaciones de su Informe Final, como resultado de su trabajo iniciado en octubre de 2004 y concluido en agosto de 2008. Entregamos a los tres poderes del Estado los resultados de nuestras investigaciones.

Las conclusiones son la síntesis de los resultados señalados en el Informe, conforme a su mandato una vez que escuchó la voz de las víctimas y analizó documentos sobre las violaciones de derechos humanos. Las recomendaciones son las propuestas y sugerencias que hace la Comisión de Verdad y Justicia, a los tres poderes del Estado y a otras organizaciones en materia de satisfacción, restitución, indemnización, rehabilitación y no repetición con el propósito de construir una agenda de trabajo que contribuya a superar la impunidad y que promueva y proteja los derechos humanos de los paraguayos y las paraguayas.

El Informe pretende ser un aporte para el esclarecimiento de la verdad de las graves violaciones de derechos humanos ocurridas en el Paraguay desde 1954 – 2003. Aspira a ser también una contribución para las necesarias transformaciones del Estado a fin de prevenir violaciones como las analizadas en este Informe y para generar una conciencia que permita desmantelar los mecanismos institucionales, políticos, militares, policiales y culturales que las hicieron posible y consolidar un Estado democrático y social de derecho con vigencia de los derechos humanos y fomentar una cultura de paz, solidaridad y concordia entre paraguayos.

Monseñor Mario Melanio Medina

Presidente de la Comisión de Verdad y Justicia del Paraguay

Asunción, 28 de agosto de 2008

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

DEL INFORME FINAL DE LA

COMISIÓN DE VERDAD Y JUSTICIA DEL PARAGUAY

  1. La Comisión de Verdad y Justicia constituyó un logro de la Sociedad Civil y del Estado paraguayo. Su creación respondió a una fuerza de voluntades que se inició con la petición de la sociedad civil al Parlamento Nacional –en particular de las asociaciones de víctimas de la dictadura y los organismos de derechos humanos, agrupados en la Mesa de la Memoria y archivos de la represión, cuando cayó la dictadura de Stroessner y se concretó con el acuerdo del Parlamento Nacional y del Poder Ejecutivo, que derivó en la sanción de la Ley 2225/03.
  1. La Comisión de Verdad y Justicia buscó establecer en forma oficial la verdad y la justicia histórica sobre los hechos de violación de los derechos humanos ocurridos en nuestro país, básicamente durante la dictadura stronista (1954-1989). La ley estableció un amplio periodo histórico de estudio y puntualizó hechos graves de violaciones.
  1. El núcleo de la investigación fueron los grandes hechos de violación de los derechos humanos: desapariciones forzadas de personas y ejecuciones extrajudiciales, privaciones ilegales de la libertad, tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, exilio de paraguayas y paraguayos, y otros casos, así como la situación de derechos humanos de las niñas y los niños, indígenas, las mujeres, y el tema de tierras rurales mal habidas.
  1. La Comisión recogió testimonios y entrevistas de 2.059 personas en su sede central, Asunción, y sedes regionales, de Misiones, Caaguazú, Alto Paraná y Cordillera, las cuales fueron habilitadas para facilitar a las víctimas su testimonio. Los Comisionados y los entrevistadores realizaron entrevistas y recibieron testimonios en las ciudades de: Quiindy, Paraguarí, San Pedro del Paraná, San Pedro del Ycuamandyyú, Encarnación, María Auxiliadora, Caazapá, Concepción, San Estanislao, Alto Paraguay, entre otras. Asimismo, se registraron y tomaron testimonios en Brasil, España y especialmente en Argentina.
  1. Para la toma de los testimonios se elaboraron cuestionarios técnicos para registrar los datos específicos de la víctima, la violación perpetrada, las circunstancias de modo, tiempo y lugar de la misma, las secuelas, incluso el nombre del presunto victimario cuando era suministrado por la víctima. Este acto de toma de testimonio constituyó un reconocimiento a la dignidad y al valor de las víctimas. Cada testimonio demandaba un promedio aproximado de 90 minutos de trabajo de un equipo organizado para el efecto, con profesionales calificados para la atención a las víctimas de la dictadura. Los trabajos en general se realizaron en las sedes de la CVJ pero también los entrevistadores llegaron hasta las casas de las víctimas cuando éstas no podían llegar hasta la Comisión.
  1. La CVJ ha analizado el testimonio de 9.923 víctimas directas de la dictadura según su base de datos, con informaciones que aparecen en otros archivos, como los de la Defensoría del Pueblo, del Centro de Documentación y Archivo del Poder Judicial (CDyA o “Archivo del Terror”), del Comité de Iglesias Para Ayudas de Emergencia (CIPAE) y del Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch (CEPAG). También tuvo en cuenta los archivos y documentaciones judiciales, policiales y militares. Las Fuerzas Armadas abrieron sus archivos, así como el Ministerio de Relaciones Exteriores, y miles de documentos fueron compilados.
  1. La misión de la Comisión de Verdad y Justicia fue recuperar la memoria histórica, esclarecer la verdad, propiciar la justicia y la reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos, y proponer medidas para construir un Estado democrático con plena vigencia de los derechos humanos, sustentada en valores como el espíritu de justicia y verdad, compromiso y rectitud, prudencia y coherencia, respeto, lealtad institucional, autenticidad, responsabilidad, honestidad, solidaridad, creatividad, y transparencia. El informe de la Comisión contribuye también a comprender aquellos aspectos políticos, nacionales e internacionales, que condicionaron los hechos de violación de los derechos humanos en el Paraguay.
  1. La Comisión de Verdad y Justicia estuvo integrada por representantes del Estado, organizaciones de la sociedad civil y de víctimas de la dictadura. Los Comisionados que presentan el informe son: Monseñor Mario Melanio Medina Salinas – Presidente, Juan Manuel Benítez Florentín – Vicepresidente, Yudith Rolón Jacquet - Comisionada, Miguel Ángel Aquino Britos – Comisionado, Heriberto Matías Alegre Ortiz – Comisionado, Carlos Luís Casabianca Rodríguez – Comisionado, Carlos Portillo Esquivel – Comisionado, Mario Sandoval – Comisionado y Víctor Jacinto Flecha – Comisionado. También fueron comisionados en una primera etapa de trabajo la entonces Canciller Leila Rachid Lichi, Margarita Durán Estragó, Jorge Domingo Rolón Luna, Juan Enrique Díaz Bordenave, Ausberto Valentín Rodríguez Jara. En la CVJ trabajaron durante su funcionamiento 140 personas, incluyendo empleados, consultores y colaboradores voluntarios, en diferentes etapas.
  1. Para el buen desempeño de su trabajo, la Comisión contó con sedes regionales. La primera se inauguró en San Ignacio el 25 de junio de 2005 para atender la región de Misiones y el 17 de mayo de 2006 se habilitaron las sedes regionales para Caaguazú, Cordillera y Alto Paraná. Estas oficinas permitieron estar más cerca de las víctimas y recibieron un número relevante de testimonios.
  1. La Comisión pudo desarrollar su mandato gracias al respaldo del Estado paraguayo, en particular del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Educación, Procuraduría General de la República, el Tribunal Superior de Justicia Electoral y la Corte Suprema de Justicia. Aunque la Comisión contó para su funcionamiento con un presupuesto financiero estatal insuficiente, la cooperación internacional colaboró de manera decisiva. Vale la pena destacar los aportes de la Acción Ecuménica Sueca (Diakonia), de las embajadas de Alemania, Argentina y Suiza, del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Misiones, y de la Universidad Nacional de Misiones, Argentina, del Ministerio del Interior de Chile, la Universidad Roma Tree, de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo, Amnistía Internacional Paraguay, del Sistema de las Naciones Unidas del Paraguay a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
  2. También fue decisivo el aporte de las universidades Católica y Columbia del Paraguay, de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Paraguaya, del Comité de Iglesias para Ayudas de Emergencia (CIPAE), del Servicio Jurídico Integral para el Desarrollo Agrario (SEIJA) y de los organismos nacionales de derechos humanos como: Callescuela, la Coordinadora de Luchadores/as y Víctimas de la Dictadura; las organizaciones de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados por Razones Políticas del Paraguay, la Fundaciónla Dictadura, la Coordinadora de los Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), la Mesa de la Memoria Histórica y Archivos de la Represión. “Celestina Pérez Almada”, el Movimiento Nacional de Víctimas de
  1. Bajo el lema “quien olvida, repite”, la Comisión organizó varias audiencias públicas nacionales e internacionales, temáticas y generales como espacios de sensibilización, información y recuperación de la memoria colectiva. La primera audiencia se celebró en Asunción el 19 de agosto de 2005, 16 años después de la caída de la dictadura stronista, en la sala de sesiones del Congreso Nacional, para escuchar el testimonio de las víctimas de la represión, la tortura y desaparición forzada de personas. La segunda audiencia pública se realizó en San Juan Bautista de las Misiones el 28 de octubre de 2005, con el propósito de escuchar los testimonios de la represión contra las Ligas Agrarias Campesinas ocurrida en esa región. La tercera audiencia se hizo en la ciudad de Caaguazú el 19 de mayo de 2006, sobre campesinado y tierras mal habidas. La cuarta audiencia se realizó el 30 de mayo de 2006 en Buenos Aires, capital del exilio paraguayo, en el Congreso de la Nación Argentina, donde rindieron su testimonio no solo los paraguayos exiliados sino también los argentinos, uruguayos y chilenos perseguidos por el Operativo Cóndor. La quinta audiencia se celebró el 4 y 5 de diciembre de 2006 en Asunción, sobre educación y dictadura, y la sexta ocurrió en la ciudad de Posadas, provincia de Misiones, Argentina, el 19 de octubre de 2007, sobre el exilio paraguayo en la frontera con Argentina. La séptima audiencia se celebró el 24 de julio de 2007 sobre mujeres, niñas y niños en la dictadura stronista, y la octava el 16 y 17 de julio de 2008, sobre pueblos indígenas y dictadura, ambas en Asunción.
  1. La Comisión contó con una política de comunicación institucional que permitió generar conciencia a las paraguayas y paraguayos sobre la importancia del esclarecimiento histórico. Bajo el lema “Para que tu testimonio sea parte de nuestra historia, contribuye con la justicia y reparación a las víctimas”, la Comisión realizó la campaña de comunicación: “2.000 testimonios para la historia”, con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía que fue víctima de las violaciones de derechos humanos para que rindiera su testimonio a la Comisión. La búsqueda de personas víctimas de desaparición forzada también tuvo una estrategia mediática con otra campaña bajo el lema “Órama ña ñe’ẽvo, Rompamos el silencio” con el fin de determinar el paradero de los desaparecidos. Además la Comisión tuvo presencia en espacios radiales y televisivos, contó con un boletín informativo impreso y digital y con una página Web.
  1. En materia de educación, las actividades de la Comisión fueron diversas. La enseñanza de la materia “Autoritarismo en la historia reciente del Paraguay”, como parte del programa de estudios del Ministerio de Educación y Cultura para los alumnos del tercer ciclo de la educación escolar básica, cátedra diseñada y elaborada por la Comisión, es uno de sus aportes. Para garantizar una buena estrategia de enseñanza de esta cátedra se realizaron varios talleres de consulta con representantes del Ministerio de Educación. La realización de asambleas populares y talleres de capacitación y sensibilización para los líderes locales contribuyó a la formación pedagógica de las comunidades visitadas. Todas estas actividades educativas estuvieron acompañadas con la entrega de algunos materiales de divulgación elaborados por la Comisión.
  1. La Comisión contó con una Unidad de Salud Integral dedicada a la asistencia psicológica a las víctimas y testigos, tanto para quienes acudieron directamente a las sedes de la Comisión como para quienes asistieron a las audiencias públicas, y a la asistencia psicológica de las víctimas y de los propios funcionarios de la CVJ, receptores de los testimonios de las víctimas. Otra tarea importante de la Unidad consistió en la elaboración de informes médicos de las secuelas de la tortura e informes psiquiátricos para las víctimas interesadas en solicitar la indemnización en las instancias judiciales.
  2. La Comisión también presentó ante los organismos judiciales competentes algunos casos de violaciones de derechos humanos, en particular casos de tortura, tratos o penas crueles, inhumanas y degradantes, así como desaparición forzada de personas. La Comisión formuló diez denuncias entre mayo del 2006 y marzo del 2008, que en su gran mayoría se encuentran en la etapa investigativa. El dictamen fiscal sostuvo que la tesis institucional de la fiscalía paraguaya desde hace 15 años es que los delitos de tortura estaban prescritos, tesis aceptada por el juez de primera instancia, en fallo hoy apelado. Esta posición es contraria a lo sustentado en el derecho internacional de los derechos humanos, en la doctrina Paciello de la Corte Suprema de Justicia del Paraguay y en la Convención sobre imprescriptibilidad de crímenes de guerra y lesa humanidad ratificada por Paraguay. Un hecho que permite a la CVJ abrigar una esperanza de rectificación de la justicia paraguaya en este punto es el pronunciamiento el 16 de octubre de 2007 por parte del Fiscal General Adjunto, quien señaló que los delitos debían subsumirse en las prescripciones del Código Penal vigente, ser calificados como imprescriptibles por ser crímenes de lesa humanidad y de esa manera evitar la impunidad de los perpetradores reconocidos como criminales por los principios generales del derecho internacional.
  1. Para la búsqueda de los desaparecidos se organizó una Unidad de Desapariciones Forzadas y Ejecuciones Extrajudiciales. El objetivo de esta unidad fue obtener información cuantitativa y cualitativa de las personas desaparecidas y ejecutadas extrajudicialmente durante la dictadura de Alfredo Strossner. Una primera etapa consistió en recabar la mayor cantidad de datos relevantes para proceder a la búsqueda. En consecuencia esta Unidad elaboró un listado de las personas desaparecidas y ejecutadas extrajudicialmente y realizó la búsqueda de desaparecidos en tumbas N.N., en fosas y otros lugares en los que se podrían encontrar enterradas las posibles víctimas de desaparición forzada.
  1. La CVJ, con la colaboración del Equipo Argentino de Antropología Forense y el antropólogo forense del Ministerio Público, emprendió durante su periodo de mandato un total de seis excavaciones y participó en calidad de observador en una excavación en territorio argentino, donde presumiblemente se habían inhumado restos de ciudadanos paraguayos, cuyos estudios siguen en proceso. Además, colaboró en la identificación de un ciudadano paraguayo desaparecido en 1976 en Argentina, con resultado positivo. De las excavaciones realizadas en territorio nacional, se exhumaron restos de tejidos duros en tres de ellas, los que aún están pendientes de estudios periciales relativos a investigación y comparación genética. Se recuperaron dos cráneos humanos, que fueron sometidos a pericias antropológicas, quedando por realizar estudios genéticos. De los resultados de tres de las excavaciones, donde no se encontraron restos humanos, se aguarda la construcción de nuevas hipótesis para proseguir con la búsqueda. Queda pendiente la localización a través de nuevas informaciones que pudieran recabarse para proseguir con el programa de antropología forense.
  1. Por iniciativa de la CVJ, el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social dictó el 4 de mayo de 2006 la Resolución S.G. Nº 348, “Por la cual se constituye la Comisión Interinstitucional para el Estudio y la Creación del Banco de Datos Genéticos”, a través de la cual se realizó la extracción de unos 67 familiares directos de desaparecidos, para posteriormente comparar las muestras de ADN con las que pudieran obtenerse de los restos óseos exhumados. Las muestras fueron tomadas y depositadas en los lugares dispuestos por los juzgados, las circunscripciones judiciales de Misiones, Guairá y la Capital, y en archivos de la CVJ, mientras se aguarda la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos.
  1. El Centro de Información de la Comisión sistematizó, almacenó y resguardó la documentación que sirvió como base para el inicio y término de las investigaciones llevadas a cabo por la CVJ, para lo cual se organizaron y digitalizaron los documentos obtenidos de la recepción de los más de dos mil testimonios de víctimas de violaciones de los derechos humanos, creando una base de datos que podrá ser consultada. Además de la base de datos propia, se elaboró otra base de datos destinada a registrar mediante la información procedente de diferentes fuentes: testimonios de la CVJ, archivos del Comité de Iglesias Para Ayudas de Emergencia (CIPAE) y del Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch (CEPAG), documentos del Centro de Documentación y Archivo (CdyA) y expedientes de la Defensoría del Pueblo. Se contó con un archivo del formulario y del audio del testimonio, así como un archivo para la salvaguarda del patrimonio documental proveniente de las Fuerzas Armadas, “Archivo del Terror”, Policía Nacional, Cancillería, Defensoría del Pueblo, medios de comunicación, entre otros. Además se creó la Biblioteca Virtual, que de manera digital permite acceder al texto de entrevistas transcritas (desgrabadas), libros especializados o documentos digitalizados de manera rápida, fácil y mediante palabras claves.
  2. A la luz de las investigaciones, la Comisión de Verdad y Justicia presenta las Conclusiones de su Informe Final. Se trata de las conclusiones a que ha arribado la Comisión conforme a su mandato una vez escuchada la voz de las víctimas y analizadas las violaciones de derechos humanos. La información y análisis en que se basan estas conclusiones se encuentran en el Informe final.
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